sábado, septiembre 19 2026
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La Legislatura bonaerense ha completado un bimestre de inactividad absoluta, confirmando una parálisis institucional que impide el inicio de las sesiones ordinarias en lo que va del año. Bajo una fisonomía de hermetismo en la Cámara Baja y de guerra abierta en el Senado, el conflicto no reside en la falta de proyectos, sino en la incapacidad del peronismo para lotear las comisiones de trabajo, transformando la arquitectura del poder provincial en un campo de batalla donde el kirchnerismo, el massismo y el kicillofismo se disputan cada centímetro de influencia.

La configuración de esta crisis sumó un nuevo capítulo de tensión este lunes, cuando la vicegobernadora Verónica Magario filtró un listado preliminar de integrantes para las comisiones que detonó un sismo interno. La operatividad del acuerdo previo, que supuestamente garantizaba el control de Legislación General para Malena Galmarini, saltó por los aires al conocerse que la referente del Frente Renovador ni siquiera figura entre los once nombres asignados a ese cuerpo. En su lugar, el primer puesto de la lista —lugar que suele reservarse para la presidencia— aparece ocupado por el senador “axelista” Germán Lago, un movimiento que La Cámpora y el massismo interpretan como una traición a los pactos de convivencia.

Este despliegue de desconfianza cruzada ha bloqueado también el reparto de otras cajas políticas estratégicas. Mientras el kirchnerismo reclama la poderosa comisión de Asuntos Constitucionales y el Movimiento Derecho al Futuro espera el control de Presupuesto, la filtración oficialista ha empantanado cualquier posibilidad de consenso. La cronicidad de estas disputas revela que, para las distintas facciones del PJ bonaerense, la prioridad es garantizar el blindaje de sus propios cuadros antes que poner en marcha la maquinaria legislativa que la provincia necesita para afrontar su compleja realidad social y económica.

Por ahora, el desenlace de esta pulseada se mantiene en un punto muerto que degrada la calidad institucional de Buenos Aires. Sin comisiones conformadas no hay dictámenes, y sin dictámenes la Legislatura es un edificio vacío de contenido. El intento de Magario por imponer un orden de prelación en los listados ha sido leído como una declaración de guerra por parte de los sectores que se sienten desplazados, demostrando que, en el laberinto de las ambiciones cruzadas, el interés público es la primera víctima del camaleonismo y la especulación política de quienes deberían estar legislando.