Martín Aveiro ha decidido que el silencio ya no es negocio. En un contexto donde el peronismo mendocino parece más preocupado por sus expedientes internos que por ofrecer un programa de poder, el diputado nacional lanzó un respaldo directo a Axel Kicillof como proyecto presidencial. No se trata de un simple posteo de ocasión; es una señal técnica de alineamiento que busca presuntamente establecer una cabecera de playa bonaerense en Mendoza, justo cuando la conducción local del partido se desmorona entre pedidos de expulsión y una falta crónica de brújula política.
¿Por qué ahora? El exintendente de Tunuyán, que suele caminar con pies de plomo, parece haber detectado que la “idiotez técnica” de la neutralidad ya no rinde frutos frente al avance libertario. Al bendecir al gobernador de Buenos Aires, Aveiro intenta dotar de una referencia de gestión real a una militancia que se siente huérfana. Presuntamente, el legislador uquino busca anticiparse al recambio de autoridades del PJ, posicionándose como el interlocutor necesario para un Kicillof que necesita terminales en el interior que no le respondan exclusivamente al Instituto Patria.
En los pasillos de la política provincial, el gesto es leído con suspicacia: mientras la vieja guardia del peronismo mendocino se consume en una purga digital contra cuadros de La Cámpora, Aveiro apuesta por la construcción de un polo de poder alternativo. Este hito de realismo político presuntamente incomoda a quienes todavía esperan órdenes desde Buenos Aires sin entender que el mapa del peronismo se está redibujando en tiempo real. La determinación de Aveiro es clara: prefiere ser el adelantado de un proyecto bonaerense con pretensiones nacionales antes que ser el último en apagar la luz de una estructura partidaria local que hoy parece una confederación de sellos sin rumbo.
La viabilidad de esta apuesta dependerá de su capacidad para traccionar a otros intendentes y referentes territoriales que miran con desconfianza tanto el centralismo porteño como la parálisis de la conducción actual. Por ahora, el mensaje de Aveiro ha logrado lo que pocos en el PJ mendocino consiguen: que se hable de futuro y no solo de las facturas del pasado. La resolución de esta interna definirá si el peronismo de la provincia logra recuperar un estándar de normalidad democrática o si seguirá siendo el escenario de una batalla de supervivencia donde, presuntamente, el que no elige bando termina siendo parte del inventario del olvido.




