El ajedrez de la sucesión: La tensión entre Tadeo García Zalazar y Ulpiano Suarez al 2027
La Asamblea Legislativa del primero de mayo no fue solo el escenario de un balance de gestión, sino el termómetro de una interna que comienza a recalentarse en el seno del oficialismo mendocino. El encuentro estuvo marcada por la sutil pero evidente disputa entre Tadeo García Zalazar y Ulpiano Suarez, los dos nombres que asoman con más fuerza para disputar la herencia política de Alfredo Cornejo en 2027.
El evento permitió observar movimientos que exceden lo protocolar. Por un lado, García Zalazar, con un despliegue de gestión que abarca desde la digitalización educativa hasta el control de la infraestructura estatal, se mueve con la comodidad de quien maneja los resortes técnicos del gabinete provincial. Su estrategia parece asentarse en la capitalización de los resultados de la “modernización” que el gobernador destacó en su discurso, intentando consolidar una imagen de continuidad operativa y eficiencia administrativa sin fisuras. Del otro lado, Ulpiano Suarez exhibe una gestión territorial desde la Capital, apelando a una visibilidad política más autónoma.
La cronicidad de la competencia se hizo sentir en los pasillos de la Legislatura, donde cada gesto y cada presencia en los palcos fue interpretada en clave sucesoria. Mientras Suarez intenta blindar su capital político en el principal distrito de la provincia, García Zalazar utiliza la capilaridad del ministerio para tejer alianzas con los intendentes del interior, preparando una arquitectura de apoyos que trascienda los límites del Gran Mendoza.
Esta disputa interna dependerá, en gran medida, de la capacidad de ambos para no esmerilar la autoridad de un gobernador que aún tiene tres años de gestión por delante. Por ahora, esta pugna se mantiene bajo una superficie de cordialidad institucional, aunque el aire denso de la asamblea ratificó que la carrera ya ha comenzado. Mientras Cornejo hablaba de deudas históricas y minería, los ojos de la política local estaban puestos en la distancia física y discursiva entre los dos pretendientes al trono, confirmando que en Mendoza el poder no solo se ejerce, sino que ya se empieza a heredar.




