Molero dudó y abrió una grieta innecesaria: el intendente de Alvear se corre del desarrollo minero
Entre el cálculo corto y el temor al conflicto, Alejandro Molero decidió tomar distancia del plan minero impulsado por el Gobierno provincial y confesó estar “preocupado” por el malestar social. La movida, leída como un repliegue defensivo, debilita la estrategia de desarrollo que lidera Alfredo Cornejo y expone las contradicciones de un radicalismo que necesita liderazgo, no vacilaciones.
En política, la duda también comunica. Y cuando se trata de un debate estructural como el desarrollo minero, hacerlo público no es un gesto inocente. El intendente de General Alvear, Alejandro “Jani” Molero, decidió correrse del libreto provincial y admitir que la conflictividad social en torno a la minería lo tiene “preocupado y consternado”. El mensaje, lejos de ordenar, abrió una grieta innecesaria en un momento donde la provincia necesita claridad, conducción y coherencia estratégica.
La postura de Molero contrasta con el esfuerzo del Gobierno de Mendoza por reinstalar una discusión madura sobre la minería moderna, regulada y compatible con el cuidado ambiental. El Ejecutivo viene planteando, con datos y marco normativo, que la provincia no puede seguir postergando una actividad clave para diversificar su matriz productiva, generar empleo y atraer inversiones. En ese contexto, el repliegue del intendente alvearense suena más a reflejo defensivo que a aporte constructivo.

Es cierto que la minería despierta resistencias. También lo fue la vitivinicultura en su origen, la industria petrolera o incluso la expansión del riego en zonas áridas. La diferencia es que hoy Mendoza cuenta con herramientas legales, controles técnicos y experiencia acumulada para evitar los errores del pasado. Plantear el debate en términos de “bronca social” sin asumir el rol pedagógico que le cabe a un intendente es, como mínimo, una renuncia a liderar.
Molero gobierna un departamento que necesita desarrollo, empleo genuino y oportunidades para retener a sus jóvenes. En lugar de encabezar una discusión seria sobre cómo integrar la minería a ese horizonte productivo, optó por tomar distancia y ponerse en el lugar del dirigente “preocupado”. El problema es que la preocupación no gestiona, no invierte y no transforma realidades. Gobernar implica asumir costos, explicar políticas y sostener decisiones estratégicas aun cuando el contexto sea adverso.
Desde el punto de vista político, el gesto del intendente no fortalece al radicalismo mendocino: lo fragmenta. Mientras Cornejo intenta consolidar un frente interno que respalde una agenda de desarrollo de largo plazo, uno de sus jefes comunales más visibles decide marcar diferencias públicas. No es una rebelión abierta, pero sí un mensaje ambiguo que debilita la posición provincial frente a un debate que exige unidad y convicción.

La minería, guste o no, es una discusión que Mendoza deberá dar. Seguir postergándola por temor al conflicto equivale a resignarse al estancamiento. En ese marco, la actitud de Molero puede leerse como una apuesta al corto plazo: evitar protestas, esquivar desgaste y cuidar la gobernabilidad inmediata. Pero la política también se mide por la capacidad de proyectar, no solo de administrar tensiones.
El argumento de la “licencia social” suele usarse como excusa para no avanzar. Sin embargo, la licencia no se decreta ni se espera pasivamente: se construye con información, transparencia y liderazgo político. Cuando los propios dirigentes se muestran dubitativos, el mensaje que baja es que el proyecto no está sólido. Y eso, lejos de calmar, alimenta la incertidumbre.
La decisión de Molero deja una enseñanza incómoda para el oficialismo: el debate minero no solo se juega en la Legislatura o en la Casa de Gobierno, sino también en cada municipio. Si los intendentes no acompañan con claridad, el relato del desarrollo se desarma en el territorio. Por eso, más que gestos de distancia, el momento exige dirigentes que expliquen, defiendan y conduzcan.
En definitiva, el repliegue del intendente de General Alvear no fortalece la discusión minera ni protege a su comunidad en el largo plazo. Al contrario, transmite la idea de que frente a la primera presión, es mejor retroceder que liderar. Mendoza necesita dirigentes que se animen a dar debates complejos y a sostener una agenda productiva seria. Dudar es humano; gobernar, en cambio, implica decidir.




