sábado, septiembre 19 2026
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Gustavo Petro, el mandatario colombiano cuyo hijo está procesado por lavar dinero del narcotráfico para su campaña, ha intentado dar lecciones de soberanía alimentaria a la Argentina. En un tuit cargado de veneno ideológico, el exguerrillero devenido en presidente cuestionó por qué los argentinos supuestamente consumen “carne de burro”, ignorando la fisonomía de un país que ostenta el mayor consumo de carne bovina per cápita del planeta.

La provocación de Petro cayó en replicar una noticia marginal y de dudosa procedencia sobre 1 sola carnicería que vendía carne de burro, buscando proyectar una imagen de degradación social en la Argentina. Sin embargo, su argumentación se desmorona ante el rigor de las estadísticas internacionales cómo los datos de la FAO y la OCDE que para 2024 y 2025 ratificaron que Argentina lidera el ranking mundial con un consumo de 46-48 kilos por habitante, superando a Estados Unidos y Brasil. Esta soberanía alimentaria, sostenida sostenida en el tiempo con una tradición productiva, contrasta severamente con la realidad del país que el propio Petro gobierna.

Por ahora, mientras pretende preocuparse sobre la nutrición de sus vecinos, su gestión exhibe una degradación sistemática. Petro preside un narcoestado donde la narcopolítica ha perforado las estructuras del poder, un escenario de cronicidad donde el 44% de la población sobrevive bajo la línea de la pobreza, y donde el 27% de los hogares enfrenta inseguridad alimentaria. Mientras la Argentina discute la eficiencia de su cadena cárnica para el mercado global, Petro ofrece la receta del fracaso socialista para un país que solo ha visto un incremento de la miseria y la dependencia estatal. El desenlace de su retórica no es más que una maniobra de distracción para ocultar la verdadera ruina que su propia administración ha acelerado en todo el territorio colombiano.