Petro se puso la gorra: Trump marca la cancha y le baja los humos a la izquierda latinoamericana
Tras meses de insultos y amenazas cruzadas, el presidente Donald Trump y el presidente Gustavo Petro tuvieron un encuentro presencial en la Casa Blanca. Tras la reunión, el antaño “aguerrido” presidente colombiano salió del recinto con una gorra roja MAGA en la mano y un ejemplar firmado de “The Art of the Deal”, obra cumbre del actual mandatario estadounidense. Así es, el mismísimo Gustavo Petro, autoproclamado heredero de Bolívar y principal antagonista de la actual administración estadounidense, terminó ataviado de merchandising trumpista.
La reunión: a puertas cerradas y sin prensa
El encuentro se extendió cerca de dos horas, fue a puerta cerrada y sin presencia de medios —una ruptura deliberada del protocolo habitual, que suele incluir imágenes oficiales y declaraciones conjuntas—. El mensaje que se quería dar era de pura impronta trumpiana: menos show diplomático, más resultados concretos. Al salir, Trump lo resumió con su tono característico, dijo que se llevaban “muy bien” y que estaban “trabajando” en medidas contra el narcotráfico. Además calificó el encuentro como “muy bueno” y habló de “sanciones” en coordinación con Colombia. Petro difundió en redes sociales la foto del apretón de manos y una nota atribuida a Trump con una frase particular: “Gustavo – A great honor – I love Colombia.”
La reunión se cerró con intercambio de regalos y señales claras de acercamiento. Petro salió risueño con la gorra MAGA y el libro antes mencionado autografiado. Además, el mandatario colombiano quedó tan mimetizado con la retórica trumpiana que incluso le agregó una “S” a “America” para convertir el clásico lema del presidente naranja en “Make Americas Great Again”, intentando latinoamericanizar el eslogan y haciéndolo propio. Parece que el tan aclamado concepto de Patria Grande se ha hecho su lugar dentro del movimiento MAGA.
La imagen es demoledora y deja poco margen para interpretaciones. Se trata de otra torcedura de brazo de la diplomacia trumpiana y una gran demostración simbólica de su poder. Tras meses de presión pública, el presidente estadounidense no solo neutralizó a Petro como contrincante/antagonista de la influencia estadounidense en la región, sino que lo llevó para su terreno, imponiéndole simbólicamente su propia marca.
La agenda común: narcotráfico y equilibrio regional
En lo sustantivo, la conversación giró alrededor de los temas donde Trump suele exigir mano dura. El primer tópico fue la lucha contra el narco, Petro afirmó que se habló de la erradicación de cultivos de coca (aunque sin fumigación aérea como condición) y pidió ayuda para capturar a los grandes narcotraficantes fugitivos que actualmente están fuera de Colombia. Respecto a las tensiones con la vecina Ecuador, Petro afirmó solicitar a Trump su mediación en el choque diplomático con su par ecuatoriano Daniel Noboa.
El presidente naranja habría aceptado. El presidente colombiano también mencionó la idea de exportar gas venezolano vía Colombia. Por último, Trump declaró estar trabajando “en sanciones y otras cosas” junto a Petro. No se detalló alcance ni calendario, pero la sola mención del tema muestra el tipo de palancas que la Casa Blanca pone sobre la mesa con los gobiernos que considera ambiguos frente al narco.
Si bien no se firmó nada, ni quedó un acuerdo concreto arriba de la mesa, Trump logró su objetivo fundamental, y es el de marcar la cancha. Una reunión cerrada, con una agenda centrada en seguridad y narcóticos, y por sobre todo, un Petro dócil y rebosante de pragmatismo son la demostración absoluta de que ese objetivo primordial fue logrado con creces.
Del barro al deshielo: otra victoria del realismo trumpiano
A partir de este primer gran paso seguirá trabajando la diplomacia trumpiana. Desde ahora, lo hará con una posición dominante respecto al colombiano, ya habiendo cambiado el equilibrio regional en Latinoamérica: Petro, quien era un enemigo acérrimo de la Casa Blanca es, a partir de ahora, un colaborador.
Y esto no es un detalle menor, ambos líderes venían de un año de cruces durísimos. Trump había atacado a Petro con calificativos y amenazas, y Petro respondía desde la épica izquierdista antiimperialista. Asesores y analistas dudaban con sobradas razones de que pudieran llevarse bien, pero tras verse en persona y darse la mano, el colombiano afirmó que “lo que veía en prensa y redes no lo encontró ahí adentro”.
La postal que queda es inequívoca. Donald Trump sonriente y Gustavo Petro poniéndose la gorra de MAGA. Para Washington, Colombia sigue siendo un socio clave en seguridad; para Petro, acercarse “sin humillaciones” (según su entorno) era vital para no quedar expuesto a sanciones, aislamiento o un choque mayor.




