sábado, septiembre 19 2026
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En Argentina hay discusiones que nacen torcidas. La carta impulsada por sectores del CONICET contra la modificación de la Ley de Glaciares N° 26.639 fue presentada como un aporte técnico, pero en los hechos funcionó como un manifiesto político con pretensión de verdad absoluta.

El punto de partida parecía incuestionable: proteger los glaciares, cuidar el agua, evitar daños irreversibles. El problema nunca fue ese objetivo —razonable— sino el uso que se hizo de él: convertirlo en una barrera intocable frente a cualquier intento de desarrollo productivo.

Y, sin embargo, el desenlace ya es otro… la modificación de la ley avanzó y hoy es una realidad. Contra el clima de catástrofe anunciado, se impuso algo más elemental: la necesidad de salir del inmovilismo y empezar a gestionar, no prohibir.

En términos menos diplomáticos: ganó la razón frente al hambrientalismo dogmático.

Ley de Glaciares: El recurso natural convertido en intocable por "la ciencia militante"
Ley de Glaciares: El recurso natural convertido en intocable por “la ciencia militante”

El glaciar como religión de Estado

En la lógica del rechazo, todo lo que tenga hielo, haya tenido hielo o pueda llegar a tenerlo quedaba bajo protección absoluta. El “ambiente periglacial” se volvía una categoría expansiva, casi infinita.

¿El resultado? Grandes extensiones de la cordillera convertidas en zonas vedadas de facto. No reguladas: directamente bloqueadas.

Ese enfoque no implicaba mayor cuidado ambiental, sino una solución mucho más simple —y más pobre—… impedir cualquier actividad, incluso aquellas que podrían desarrollarse con tecnología, monitoreo y estándares modernos.

Ciencia o dogma: el problema no es la evidencia, es el uso

La carta repetía “evidencia científica” como si fuera un punto final. Pero la ciencia real no cierra debates: los abre.

Existen discusiones legítimas sobre:

  • Qué constituye exactamente el ambiente periglacial
  • Cuánto aporta efectivamente al sistema hídrico
  • Qué niveles de intervención son aceptables

Sin embargo, se presentó una sola visión como incuestionable. El IANIGLA quedó posicionado más como un oráculo que como parte de una comunidad científica que discute, contrasta y revisa.

Y ahí está el punto incómodo: la ciencia responde al método científico, no a ideologías. Cuando se la usa para clausurar el debate en lugar de enriquecerlo, deja de ser una herramienta de conocimiento y pasa a ser un instrumento de poder.

Federalismo bajo sospecha

Otro eje fuerte fue la desconfianza hacia las provincias, bajo el argumento de que no tendrían capacidad técnica suficiente.

La consecuencia de esa mirada es clarisima: concentrar decisiones en estructuras centrales, alejadas muchas veces de la realidad productiva local.

Pero Argentina es federal. Las provincias no solo tienen jurisdicción sobre sus recursos, sino también incentivos concretos para equilibrar desarrollo y ambiente. La modificación de la Ley de Glaciares N° 26.639 apunta, justamente, a recuperar ese equilibrio.

El cambio climático como comodín

El cambio climático (con o sin intervención humana) es un fenómeno real fuera de todo alarmismo climático. Pero usarlo como argumento para bloquear cualquier actividad económica es otra cosa.

El retroceso glaciar ocurre a escala global, incluso en zonas sin intervención humana. Pretender que la única respuesta posible es la prohibición absoluta es reducir un problema complejo a una consigna simple.

Mientras tanto, países como Chile o Canadá desarrollan actividades productivas en entornos sensibles con regulación, control y tecnología.

No eligen entre ambiente o desarrollo… gestionan ambos.

La trampa moral que no alcanzó

La carta planteaba una dicotomía extrema: acompañar la reforma era “avanzar contra el pueblo”; abstenerse tampoco era neutral.

Así, una discusión técnica se convertía en un examen de pureza moral.

Pero esa estrategia, esta vez, no alcanzó. Porque la realidad económica, la necesidad de crecimiento y el agotamiento frente al “no permanente” terminaron pesando más.

El costo real de no hacer nada “por las dudas”

Hay algo que el planteo evitaba sistemáticamente

Hablar del costo de la inacción

No aparecían temas como:

  • Empleo
  • Desarrollo regional
  • Generación de divisas
  • Oportunidades estratégicas como el litio o el cobre.

Como si la única variable relevante fuera la intangibilidad absoluta.

Pero sin desarrollo económico, la sostenibilidad también es una ilusión.

Modificacion Ley de Glaciares: La realidad económica, la necesidad de crecimiento y el agotamiento frente al “no permanente” terminaron pesando más.
Modificación Ley de Glaciares: La realidad económica, la necesidad de crecimiento y el agotamiento frente al “no permanente” terminaron pesando más.

De la prohibición a la gestión

Durante años, la Ley de Glaciares N° 26.639 funcionó, en su interpretación más rígida, más como un freno que como una herramienta de gestión.

La modificación vigente marca un cambio de lógica: pasar del “no se puede” al “cómo se puede”.

No implica desproteger glaciares. Implica regular mejor, controlar mejor y producir mejor.

Saliendo del hielo

El debate sobre los glaciares nunca debió ser una guerra entre ambiente y producción. Pero se lo llevó a ese terreno.

Hoy, con la reforma ya en marcha, Argentina da una señal —al menos en este frente— de querer salir de la parálisis.

Y deja una enseñanza que incomoda a más de uno:
La “ciencia militante” no puede transformarse en dogma ni en herramienta para bloquear decisiones democráticas.

Porque cuando eso ocurre, lo que se congela no es el hielo.
Es el país.