El operativo seducción de Santilli: Mendoza, la llave para la reforma laboral
El ministro del Interior, Diego Santilli, aterriza en la provincia con un objetivo claro: alinear a Alfredo Cornejo y asegurar los votos radicales en el Senado. En un verano de rosca intensa, el Gobierno nacional sabe que sin el respaldo de Cuyo, la “modernización” laboral corre riesgo de quedar archivada en los despachos de Buenos Aires.
Enero de 2026 no se perfila como un mes de vacaciones para la política nacional. Mientras el termómetro sube, Diego Santilli sacó a relucir el traje de negociador y emprendió una gira federal con una misión que parece de vida o muerte para la gestión de Javier Milei: blindar la reforma laboral. Tras su paso por el sur, el ministro del Interior puso la mira en Mendoza, un distrito que históricamente ha servido como termómetro para la gobernabilidad del país.
El planteo de Santilli es simple pero ambicioso. Replicar el éxito legislativo del Presupuesto 2026 y convertir la reforma laboral en el “plato fuerte” de las sesiones extraordinarias que se avecinan. Sin embargo, para que eso suceda, el Gobierno necesita que Alfredo Cornejo y su bloque en la Cámara Alta jueguen a favor de un proyecto que el kirchnerismo y la CGT ya han tildado de “regresivo”.
Santilli no viene con las manos vacías, pero tampoco con una billetera infinita. El intercambio es el de siempre, respaldo legislativo a cambio de destrabar partidas para obras clave y dar previsibilidad a las finanzas provinciales.
Mendoza, que ya ha dado señales de acompañamiento en temas estructurales como el equilibrio fiscal, aparece ahora como el aliado estratégico que puede inclinar la balanza en el Senado.
Desde el entorno de Cornejo, el mensaje es de cautela. El gobernador sabe que tiene una carta ganadora en la mano y no la va a entregar por monedas. La agenda mendocina, marcada por el impulso a la minería y la necesidad de reactivar la obra pública frenada por Vialidad Nacional, será parte de la mesa de negociaciones que Santilli deberá sortear con la pericia de quien sabe que los votos en el Congreso se cocinan a fuego lento.
Mientras el ministro y el gobernador afinan el lápiz, la CGT Mendoza ya empezó a calentar los motores. La amenaza de movilizaciones no es menor y actúa como un factor de presión sobre los legisladores radicales. ¿Se animará el radicalismo mendocino a votar una reforma que flexibiliza condiciones mientras la temperatura social sigue en aumento?
Santilli apuesta a que el “temple mendocino” —ese que en las encuestas dice estar dispuesto al sacrificio— también le dé el visto bueno a este cambio en las reglas de juego del trabajo. Para el funcionario, se trata de “darle derechos al que no los tiene” y modernizar un sistema que castiga a las pymes. Para la oposición, es simplemente el desguace de lo poco que queda.
Lo cierto es que la gira de Santilli por las provincias es el reconocimiento de que el poder real en la Argentina de 2026 no reside solo en los despachos de la Casa Rosada, sino en la capacidad de seducir a los gobernadores. En este tablero, Mendoza vuelve a ser la pieza clave. Si Santilli logra que Cornejo le ponga el sello a la reforma, el Gobierno habrá ganado mucho más que una votación; habrá consolidado un eje político que puede definir el rumbo de lo que queda de gestión.




