El jefe de Gabinete, Diego Santilli, cumplió su primer mes completo al frente de la coordinación ministerial del Gobierno nacional, en reemplazo de Manuel Adorni, cuya renuncia se formalizó el 27 de junio. La llegada de Santilli implicó una reestructuración del organigrama del Poder Ejecutivo, con el objetivo declarado de bajar la conflictividad institucional y ordenar la relación con los gobernadores.
Santilli juró en el cargo apenas dos días después de la salida de Adorni, en un operativo que la Casa Rosada definió como una “transición ordenada” pese a la urgencia con la que se resolvió el recambio, ante la inminencia de una interpelación en el Senado que podía derivar en la censura del entonces jefe de Gabinete.
Santilli: de Interior a la Jefatura de Gabinete
Antes de asumir la coordinación ministerial, Santilli se desempeñaba como ministro del Interior, cargo desde el cual condujo la relación política del Gobierno con los gobernadores y encabezó la campaña legislativa de octubre pasado, en la que el oficialismo logró un resultado ajustado por menos de un punto porcentual de diferencia.
Ese antecedente lo posicionó, según fuentes consultadas por distintos medios, como el nombre de mayor consenso dentro del esquema de poder libertario para suceder a Adorni: mantiene vínculo fluido con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y no acumuló roces significativos con otros sectores relevantes del espacio.
Los cambios en el organigrama
Con la llegada de Santilli, el Ministerio del Interior pasó a depender directamente de la Jefatura de Gabinete, en un esquema que consolidó funciones antes repartidas. Ignacio Devitt fue promovido a vicejefe de Gabinete, absorbiendo parte de las responsabilidades operativas que antes estaban a cargo de otros funcionarios, mientras que Gustavo Coria asumió como secretario de Interior.
Ese rediseño buscó, según trascendió, dotar al Gobierno de mayor capacidad de negociación política de cara al tramo final del mandato y a las elecciones legislativas de 2027, en un contexto donde el Ejecutivo necesita sostener consensos en el Congreso para avanzar con su agenda de reformas de segunda generación.
El desafío hacia adelante
Santilli asumió con el mandato explícito de acelerar las reformas pendientes en el Congreso y sostener el vínculo con los gobernadores, en momentos en que la economía muestra señales que el propio funcionario definió como positivas: baja de inflación, recuperación del poder adquisitivo y descenso del riesgo país. El desafío para los próximos meses será capitalizar esos indicadores en un escenario político marcado, además, por la reaparición de tensiones con la vicepresidenta Victoria Villarruel.




