sábado, septiembre 19 2026
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Todo empezó dos horas antes de salir, sin entrada, sin saber cómo era la ruta, sin saber dónde iban a dormir ni quién los iba a recibir, sin plan, sin red, sin nada, solo una idea improvisada y una decisión tomada a último momento: viajar en bicicleta desde San Luis hasta Córdoba para ver a Javier Milei en el Festival de Jesús María.

El protagonista es Valentino Cometto, tiene 22 años y desde hace tiempo es seguidor y militante de Javier Milei, no se trata de una adhesión reciente ni oportunista, sino de una convicción sostenida que antecede al viaje. La travesía la realizó junto a su compañero Joel Baigorria, en las mismas condiciones de improvisación, incertidumbre y esfuerzo.

No había épica deportiva previa que lo justificara, ninguno de ellos era ciclista. “Más que jugar al fútbol o salir a correr, no hacemos otro deporte”, cuenta Conetto, nunca habían hecho algo así y, justamente por eso, lo hicieron.

Salieron a la madrugada y le dieron derecho, sin frenar a dormir, con la ruta abierta, el cansancio acumulándose y el cuerpo llevándose al límite. Descansaban cada veinte kilómetros, porque el viaje exigía mucho más que piernas. “La cantidad de cosas que tuvimos que pensar en el camino, el esfuerzo físico y mental es impresionante”, relata, y el desgaste fue total, al punto de que “lo que me dolieron los ojos fue una locura por la vista”.

Nada de romantizar el esfuerzo: hubo pinchaduras, cubiertas rotas e imprevistos en plena ruta y, en medio de eso, apareció algo inesperado. Gente que bocinaba para alentar, desconocidos que se acercaban a ayudar cuando algo se rompía, algunos incluso los reconocían y les decían: “¿Ustedes son los de las historias de Instagram?”, porque el viaje ya no era solo de ellos, se estaba siguiendo en tiempo real.

La llegada a Córdoba terminó de cerrar la experiencia, los esperaban, les ofrecieron hospedaje, comida, masajes deportivos, cortes de pelo y ropa, casas abiertas sin pedir nada a cambio, una comunidad espontánea, no organizada, no bajada desde ningún escritorio.

El testimonio final llega con el ruido de fondo, saturado por los parlantes del predio de Jesús María, no es una entrevista prolija, es el registro real del momento, con el cansancio todavía en el cuerpo y la emoción todavía encima.

Conetto no es ajeno a la política, es presidente de la Juventud de La Libertad Avanza en San Luis, fue candidato testigo por su edad cuando se desdoblaron las legislativas provinciales y también jefe de campaña, por lo que el viaje no fue curiosidad, sino coherencia entre discurso y acción.

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Pero la motivación va más allá de un recital, porque también hay un mensaje que se busca comunicar de forma masiva: Jesús María es un festival privado, sostenido por el trabajo, la organización y la cultura popular, no por el aparato estatal, y La Libertad Avanza defiende esa reivindicación, la cultura que se construye desde la sociedad, sin tutela, sin relato impuesto.

“Cuando todo está bien, hay que buscar alguna experiencia incómoda”, explica Conetto, poner el cuerpo y la mente en un estado de sacrificio para construir una mejor versión de uno mismo que sirva a futuro.

En tiempos donde muchos reclaman sin moverse, delegan el esfuerzo y exigen resultados sin costo personal, dos jóvenes cruzando provincias en bicicleta dicen más que mil consignas, no por heroísmo, sino por coherencia.

El sacrificio no se delega, la cultura no se estatiza, se hace, se defiende, se pedalea.