El proyecto de “Súper RIGI” quedó a un paso de convertirse en ley. Con media sanción obtenida en Diputados el 24 de junio por 130 votos contra 106, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias espera su tratamiento en el Senado, donde el nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, apuesta a destrabarlo en las próximas semanas.
La iniciativa profundiza el esquema que ya rige desde 2024 con el RIGI original de la Ley Bases y convive, además, con el RIMI, el régimen sancionado en marzo para pymes y medianas empresas. Los tres esquemas comparten el objetivo de atraer capital extranjero, pero difieren en escala, sectores alcanzados y beneficios otorgados.
Tres pisos de inversión, tres públicos distintos
El RIGI vigente exige una inversión mínima de US$20 millones, ampliable hasta US$900 millones según el sector, y alcanza a rubros taxativos: forestoindustria, turismo, infraestructura, minería, tecnología, siderurgia, energía y petróleo y gas. El Poder Ejecutivo puede fijar montos mayores según la actividad.
El Súper RIGI eleva la vara a US$1.000 millones y apunta exclusivamente a “nuevas actividades económicas”: industria, tecnología e infraestructura digital estratégica, sectores inexistentes o experimentales en el país. El objetivo declarado es captar proyectos como mega centros de datos de inteligencia artificial, un rubro que hoy no tiene antecedentes productivos locales.
El RIMI, en cambio, tiene el piso más bajo —entre US$150.000 y US$9 millones según el tamaño de la empresa— y está reservado a micro y pequeñas empresas, sin límite mínimo de desembolso exigido en casos como riego, eficiencia energética o infraestructura antigranizo.
Beneficios impositivos: la brecha se agranda:
En Ganancias, el RIGI original fija una alícuota del 25%. El Súper RIGI la reduce al 15%, la misma mejora que motorizó buena parte del debate legislativo por el costo fiscal que implica. El RIMI no otorga ese beneficio y queda bajo el régimen general.
En dividendos, ambos regímenes RIGI comparten una alícuota del 7% durante los primeros años —siete en el original, cuatro en el Súper RIGI— que baja a 3,5% después. En materia de IVA sobre inversiones, los dos permiten cancelar con Certificados de Crédito Fiscal, mientras que el RIMI ofrece devolución anticipada a los tres meses.
El Súper RIGI también innova en seguridad social: fija una alícuota única del 10% para contribuciones patronales sobre nuevas relaciones laborales, un beneficio que no está contemplado ni en el RIGI original ni en el RIMI.
Estabilidad por 30 años y blindaje jurídico
Ambos regímenes RIGI garantizan estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria por 30 años. El Súper RIGI suma estabilidad en materia de seguridad social y una obligación expresa del Estado de colaborar ante eventuales actos confiscatorios, un punto que buscó responder a las objeciones de la oposición sobre las garantías otorgadas a los inversores.
En cuanto a jurisdicción, ambos esquemas RIGI requieren que la provincia se adhiera formalmente. El Súper RIGI exige, además, que la jurisdicción se comprometa a no aplicar Ingresos Brutos por encima del 0,50%, ni Sellos, ni regalías sobre el vehículo del proyecto. El RIMI no necesita adhesión provincial porque los impuestos que alcanza son nacionales.
Los tres regímenes contemplan arbitraje internacional ante la Corte Permanente de Arbitraje, la Cámara de Comercio Internacional y el CIADI. El Súper RIGI es el único que no fija plazo de caducidad para el reclamo.
Un esquema hecho a medida de grandes jugadores
En el oficialismo responden que el régimen no apunta a una empresa en particular, sino a industrias que hoy no existen en el país.
Con el RIGI original ya en marcha —16 proyectos aprobados por cerca de US$30.000 millones y otros 25 en evaluación por más de US$100.000 millones— y el RIMI operativo desde marzo, el Súper RIGI busca cerrar el círculo de incentivos para escalar la matriz productiva hacia sectores de alto valor agregado, como la inteligencia artificial y la infraestructura digital.




