Minería en Mendoza: cuando los sentimientos pesan más que el saber
O por qué en 2025 todavía hay gente que cree que la Tierra es plana, que los transgénicos te matan y que la minería es el demonio…
Vivimos en la era de la información. Bah… de la abundancia de información.
Que no es lo mismo que conocimiento, ni cerca.
Nunca fue tan fácil acceder a datos, papers científicos, imágenes satelitales, estudios ambientales, modelos matemáticos y estadísticas duras.
Y sin embargo, nunca fue tan fácil instalar tonteras.
El problema no es la falta de información. Es su calidad, y sobre todo, la incapacidad —o directamente la pereza— de pensarla.
El nuevo sesgo cognitivo: “si hay mucho contenido, debe ser verdad”
Antes, en la antigüedad, para sostener una pavada, hacía falta talento.
Hoy alcanza con:
- Muchos posteos
- Gráficos dibujados con flechitas
- Videos con música dramática
- Y una comunidad que se aplauda sola
Ese es el sesgo de la abundancia informativa: cuando la cantidad suplanta a la evidencia.
Los terraplanistas no ganaron porque tengan mejores argumentos. Ganaron porque inundan.
Los anti-transgénicos no convencen con ciencia: convencen con miedo.
Y los anti-minería hacen exactamente lo mismo: relato antes que datos.
“La minería es mala”™: el eslogan perfecto
Decir “la minería es mala” es el equivalente moderno a decir “la Tierra es plana”:
- Suena rebelde
- Parece moralmente superior
- Y evita cualquier análisis incómodo
No importa:
- Qué tipo de minería
- Con qué tecnología
- Bajo qué controles
- En qué país
- Ni comparado con qué alternativas
Todo se reduce a un eslogan emocional:
minería = destrucción.
¿Estudios técnicos? Aburridos.
¿Evaluaciones ambientales reales? Sospechosas.
¿Ingenieros, geólogos, hidrólogos? “Vendidos”.
En cambio:
- Una foto impactante,
- Un video con música triste,
- Y un “esto no lo muestran los medios”…
Fabuloso, lo creo todo.
El problema no es la minería: es pensar
Lo curioso es que muchos de los que gritan contra la minería lo hacen desde:
- Un celular
- Una notebook
- Con paneles solares
- Baterías de litio
- Fibra óptica
- Servidores llenos de cobre
Todo eso sale de la minería.
Pero ese dato molesta, así que se ignora.
La minería no es buena ni mala en si.
Es una actividad técnica, con riesgos, impactos y mitigaciones.
Como la energía, la industria química o la infraestructura.
Pero eso requiere algo que el relato no tolera: matices.
Los sofistas, versión siglo XXI
Esto ya lo vimos antes.
En la Grecia clásica, los sofistas no buscaban la verdad: buscaban convencer.
La retórica importaba más que los hechos.
Hoy los sofistas no usan túnica. Usan:
- Redes sociales
- Algoritmos
- Engagement
- Moralismo selectivo
No te explican nada. Te abruman.
No te informan. Te emocionan.
No debaten. Te cancelan.
Ciencia vs relato: pelea arreglada
La ciencia es lenta, incómoda y antipática:
- Duda
- Se corrige
- Admite límites
- Y no promete finales felices
El relato conspiranoico es rápido, simple y adictivo:
- Hay buenos y malos (Solway parece ser el nuevo cuco)
- Todo es culpa de “intereses”
- Y vos sos parte de “los que despertaron”.
¿Un informe técnico de 300 páginas o un reel de 60 segundos diciendo “nos están saqueando”?
Exacto. Gana el reel.
Cuando opinar se confunde con saber
Internet democratizó la palabra. Perfecto.
Pero también igualó la opinión con el conocimiento.
Hoy:
- Un geólogo con décadas de campo,
- Un biólogo molecular,
- Un ingeniero ambiental
valen lo mismo que:
“yo vi un video que dice…”
Así terminamos discutiendo si:
- Los transgénicos son veneno,
- El 5G es dañino
- La Tierra es plana
- la minería es intrínsecamente malvada
mientras usamos tecnología que no existiría sin aquello que demonizamos.
No es ignorancia: es comodidad
Esto no pasa por falta de información.
Pasa por rechazar el pensamiento crítico.
Analizar cansa.
Aceptar complejidad frustra.
El relato simple abraza.
La ciencia exige.
El eslogan consuela.
Y al final del dia…
No vivimos en una nueva Edad Media.
Vivimos en la era de la zaraza permanente.
Y cuando todo grita, no gana el que tiene razón.
Probablemente gane el que mejor arma el cuento.
Los sofistas ya lo sabían.
Internet solo les dio Wi-Fi, filtros y monetización.
Por eso, en una era de democratización de la información, aprendan a discenir.




