sábado, septiembre 19 2026
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El reconocimiento forma parte del programa internacional What Works Cities de Bloomberg Philanthropies, que distingue a los gobiernos locales que usan datos y evidencia para mejorar políticas públicas y servicios a los vecinos.


En un país donde el Estado suele gastar sin medir, prometer sin evaluar y justificar su ineficiencia con relato, dos ciudades mendocinas: Luján de Cuyo y Ciudad de Mendoza, lograron algo poco habitual, y es la de mejorar su desempeño y ascender de certificación Plata a Oro en el programa internacional What Works Cities, impulsado por Bloomberg Philanthropies.

No se trata de un premio simbólico ni de marketing institucional. La certificación evalúa si los gobiernos locales usan datos para tomar decisiones, asignar recursos con criterio y medir resultados. Exactamente lo que el Estado argentino, en la mayoría de sus niveles, suele no hacer.

Subir de Plata a Oro implica haber demostrado mejoras concretas en transparencia, gestión de información y evaluación de políticas públicas. Es decir, menos improvisación y más evidencia, una lógica que choca de frente con la cultura del gasto inercial, la burocracia eterna y los programas que se repiten año tras año sin que nadie se pregunte si funcionan.

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Mientras gran parte de los municipios del país siguen funcionando a base de intuición política, urgencias mal priorizadas y estructuras sobredimensionadas, Luján de Cuyo y la Ciudad de Mendoza mostraron que incluso dentro del Estado es posible profesionalizar la gestión y usar datos para mejorar servicios, optimizar recursos y reducir ineficiencias.

El programa, coordinado por Results for America, mide criterios técnicos y objetivos, sin importar el color político. Eso lo vuelve incómodo para la vieja política. Los datos no aplauden, no militan y no tapan errores. Exponen qué funciona y qué no, algo que muchos gobiernos prefieren evitar.

El reconocimiento llega en una edición que destacó a 32 ciudades del continente. Para Mendoza, el dato no es menor. Dos de sus ciudades lograron alcanzar el nivel más alto de certificación, algo excepcional en un contexto nacional donde la falta de evaluación y control sigue siendo la norma.

Ahora bien, el desafío real no es exhibir la certificación, sino sostenerla. Gobernar con datos implica aceptar correcciones, eliminar programas ineficientes y reasignar recursos, decisiones que el Estado suele esquivar porque afectan intereses creados.

Dicho esto, corresponde felicitar a los intendentes Esteban Allasino, de Luján de Cuyo; y Ulpiano Suárez, de la Ciudad de Mendoza, así como también a los equipos técnicos y profesionales que hicieron posible este avance.

En un país donde la ineficiencia estatal suele ser la regla, cuando hay gestión, profesionalismo y resultados comprobables, vale reconocerlo.