La sombra del armador: Ernesto Sanz y el plan de rescate para el “centro”
Se puede ver qué el radicalismo nacional ha comenzado a registrar movimientos sísmicos por fuera del radar de su conducción oficial. Ernesto Sanz, el estratega mendocino que supo parir la arquitectura de Cambiemos, ha retomado su rol de armador silencioso para intentar suturar las heridas de un espacio que hoy deambula sin brújula entre el oficialismo libertario y el repliegue peronista. El objetivo, bastante ambicioso, es reconstruir una alternativa no peronista de cara a 2027, rescatando los restos del naufragio de Juntos por el Cambio antes de que la polarización los termine de devorar.
Esta mesa de arena política se apoya en un diagnóstico de fragilidad institucional. A pesar de ostentar una capilaridad envidiable (cinco gobernaciones y más de quinientos intendentes), la UCR padece una cronicidad de irrelevancia en el debate de la gran escena nacional. El despliegue de Sanz apunta a nuclear a los sectores del radicalismo que se resisten a ser furgón de cola de La Libertad Avanza, sumando a dirigentes del PRO que observan con espanto la pérdida de autonomía de su partido y manteniendo puentes activos con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y el socialismo.
Supuestamente el plan tiene un espejo, el modelo Santa Fe. Para este armado, la coalición que sostiene a Maximiliano Pullaro es la prueba de que la convivencia entre radicales, socialistas y cuadros del PRO no solo es posible, sino que garantiza un volumen electoral y territorial capaz de resistir las embestidas del centralismo porteño. Sin embargo, la funcionalidad de este “neodesarrollismo” enfrenta la sed de poder inmediato de muchos cuadros que ven en la integración con el Gobierno de Milei una salida más rápida a la intemperie opositora, planteando una discusión de fondo sobre la identidad misma del espacio.
Se presume que estas reuniones paralelas es una incógnita que inquieta tanto al 4to piso de la Casa de Gobierno como a las autoridades del Comité Nacional. Sin candidatos firmes ni una estructura jurídica que los contenga, los movimientos de Sanz funcionan como un respirador artificial para una dirigencia que teme quedar licuada en la próxima contienda. La apuesta del ex senador es, en última instancia, una carrera contra el tiempo intentando demostrar que el centro político todavía tiene pulso antes de que el mapa electoral de la Argentina termine de consolidarse en un blanco o negro donde el radicalismo ya no figure ni siquiera como un matiz.




