La liberación de presos políticos en Venezuela abre la puerta a salida de Nahuel Gallo
Tras el descabezamiento del régimen con la caída de Maduro, Jorge Rodríguez —hermano de la inefable Delcy— anunció una tanda de liberaciones para intentar “limpiar” la imagen de una estructura que se cae a pedazos. En Argentina, la expectativa es total: el marplatense Nahuel Gallo podría volver a casa después de meses de calvario en las mazmorras chavistas.
La geopolítica de la supervivencia obliga a los tiranos a hacer concesiones que antes eran impensables. Con Nicolás Maduro fuera de juego y el Palacio de Miraflores bajo una presión internacional asfixiante, el “ala negociadora” del chavismo residual, encabezada por Jorge Rodríguez, empezó a soltar lastre. En un anuncio que mezcla cinismo con necesidad de aire político, el régimen confirmó la liberación de un grupo de presos políticos, y el nombre de Nahuel Gallo suena con más fuerza que nunca en los pasillos de la Cancillería argentina.
El calvario del marplatense: Preso por “sospecha”
Nahuel Gallo no es un espía ni un insurgente; es un pibe de Mar del Plata que terminó atrapado en el delirio paranoico de un régimen que, en sus últimos estertores, veía enemigos en cada esquina. Detenido bajo cargos ridículos de “conspiración” y “terrorismo”, Gallo se convirtió en el rostro argentino del horror en El Helicoide, ese agujero negro de los derechos humanos donde la dignidad va a morir.
Su liberación no sería un gesto de “humanidad” de los Rodríguez, no nos equivoquemos. Sería el resultado directo de la nueva realidad hemisférica: sin el jefe máximo y con los Estados Unidos marcando la cancha, a los jerarcas que quedan solo les queda negociar su propia sobrevida entregando a los rehenes que usaban como moneda de cambio.
Entre la esperanza y la cautela
En Argentina, la noticia se recibió con un suspiro de alivio contenido. La familia de Nahuel, que viene peleando contra el silencio y la burocracia, sabe que hasta que no lo vean bajar de un avión en Ezeiza, nada está garantizado. Jorge Rodríguez anunció las liberaciones como parte de un “proceso de pacificación nacional”, un eufemismo barato para describir la rendición en cuotas de un sistema que ya no tiene quién lo financie.
La liberación de presos políticos es, en realidad, el desmantelamiento de la estructura de terror que sostuvo al chavismo durante décadas. Cada opositor que sale, cada extranjero que recupera su libertad, es un clavo más en el ataúd de una ideología que solo produjo hambre y persecución.
Festejamos cada segundo de libertad que se le arrebate a la dictadura venezolana. Que Nahuel Gallo esté cerca de volver a abrazar a los suyos en Mar del Plata es una victoria de la presión internacional y de la resistencia de un pueblo que no se dobló.
Pero ojo: que el brillo de las liberaciones no nos tape el bosque. Los que hoy anuncian “clemencia” son los mismos que ayer firmaban las órdenes de detención. El retorno de Nahuel será un triunfo, sí, pero también un recordatorio de que en el siglo XXI, las dictaduras se caen cuando se les corta el oxígeno y se les quita el miedo. Esperamos a Nahuel con los brazos abiertos y la memoria intacta.




