El 2026 perfila un giro a la derecha en las urnas frente al agotamiento de los modelos estatistas
Ofensiva republicana en el Cono Sur.
Con la oficialización de candidaturas clave en Colombia y Brasil, y un abanico de opciones en Perú, la región se prepara para una reconfiguración política que busca replicar el shock liberal de la Casa Rosada y el pragmatismo de Washington.
El calendario electoral de 2026 se presenta como el catalizador definitivo para el fin del ciclo de la “marea zurda” en Sudamérica.
En Colombia, el agotamiento del modelo de Gustavo Petro ha pavimentado el camino para una oposición que lidera las encuestas de intención de voto con propuestas de seguridad radical y confianza inversionista. La figura de Abelardo de la Espriella ha emergido como el factor disruptivo de la contienda; el abogado y empresario formalizó su aspiración presidencial con el respaldo de 4,7 millones de firmas y el aval del partido Salvación Nacional. Bajo el movimiento “Defensores de la Patria”, De la Espriella ha consolidado un discurso de “seguridad física y jurídica” inspirado en los modelos de éxito de Javier Milei y Nayib Bukele, posicionándose como el principal retador del establishment de izquierda con la promesa de reconstruir la alianza estratégica con los Estados Unidos y recuperar el control territorial del país.
En Brasil, el tablero político ha dado un giro dramático tras la consolidación de Flávio Bolsonaro como el referente principal del Partido Liberal para las elecciones de octubre. El hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro ha asumido la responsabilidad de liderar el proyecto nacional conservador, unificando a la derecha brasileña bajo las banderas del agro, la defensa de los valores tradicionales y el libre mercado. Con el apoyo del aparato político bolsonarista y la mirada puesta en recuperar el liderazgo regional, Flávio se perfila como el contendiente más sólido frente a un Luiz Inácio Lula da Silva cuya gestión enfrenta serios desafíos de gobernabilidad y una economía que comienza a mostrar signos de fatiga ante la presión de los mercados internacionales.
Perú completa este eje de cambio con una oferta electoral diversa que busca capitalizar el rechazo a la inestabilidad institucional. En la carrera por el Sillón de Pizarro han formalizado su interés figuras con perfiles técnicos que prometen reactivar la economía mediante la inversión privada y la seguridad jurídica. Entre ellos destacan, el economista Hernando de Soto (Progresemos), quien insiste en la formalización de la propiedad como motor de riqueza; Fiorela Molinelli (Fuerza Moderna), enfocada en la eficiencia de la gestión pública y la infraestructura; y Rafael Belaúnde Llosa (Libertad Popular), quien promueve un “capitalismo popular” para descentralizar los beneficios del mercado.
Este movimiento continental se ve impulsado por el “efecto espejo” de la gestión argentina, demostrando que existe una demanda social real por un cambio de paradigma que priorice la soberanía nacional y el crecimiento económico sobre el asistencialismo estatal, configurando así una nueva arquitectura política en el Cono Sur que mira directamente hacia el modelo de la libertad.




