Argentina tiene petróleo para exportar ¿Tiene diésel para cubrir el faltante mundial?
La crisis internacional abrió una oportunidad para los países productores de energía. Pero el combustible que escasea no sale directamente del pozo: necesita refinerías. Los datos muestran que Argentina ya puede vender crudo en grandes cantidades, mientras su margen para exportar gasoil sigue siendo pequeño.
El mundo busca diésel y Argentina produce cada vez más petróleo. La asociación parece inmediata: si sobra crudo en Vaca Muerta, el país podría abastecer parte del combustible que falta en otros mercados. El problema es que entre una cosa y la otra hay una industria entera. Y hoy esa industria tiene mucho menos espacio para crecer que la producción de los yacimientos.
La escasez es concreta. Según la Agencia Internacional de la Energía, las exportaciones netas de diésel y gasoil de los países del Golfo y Rusia fueron en agosto 1,6 millones de barriles diarios menores que en febrero. Esas dos regiones habían representado, antes de la crisis, casi el 45% del comercio marítimo mundial del producto. Los ataques a refinerías rusas y las dificultades para mover petróleo y combustibles desde Medio Oriente elevaron los precios del diésel mucho más que los del crudo. Lo que el mercado necesita con urgencia son cargamentos de combustible listo para usar.
Argentina llega a esa crisis en una posición distinta de la que tenía hace pocos años. En julio produjo 916.200 barriles diarios de petróleo, un 17,2% más que en el mismo mes de 2025. Entre enero y agosto exportó crudo por 6.625 millones de dólares, un aumento interanual del 54,7%. Vaca Muerta le permite ofrecer petróleo a un mundo que también lo necesita y obtener divisas por ello. Pero el éxito de esa exportación no responde todavía la pregunta sobre el gasoil.
El límite aparece después del pozo
Una refinería recibe petróleo y lo transforma en distintos productos: naftas, gasoil, combustible para aviones y otros derivados. La cantidad de diésel que puede obtener depende del crudo que procesa y de las unidades industriales con las que cuenta. Producir más petróleo permite alimentar esas plantas o exportar el excedente, pero no multiplica automáticamente su capacidad para fabricar gasoil.
Los números argentinos muestran esa diferencia. En 2025, la producción local de gasoil fue de 13,56 millones de metros cúbicos, apenas un 1,8% superior a la de 2024. El crecimiento del crudo fue mucho más acelerado. El país estaba ampliando su oferta de materia prima sin registrar un salto comparable en la elaboración del combustible que hoy reclama el mercado mundial.
Las refinerías tampoco parecen guardar una enorme capacidad ociosa que pueda activarse de inmediato. El ingeniero Alberto Fiandesio calculó que las principales plantas utilizaron en julio alrededor del 92,6% de su capacidad instalada estimada. Es una estimación privada —no una medición oficial de capacidad— y el promedio incluye a Refinor, que ese mes no registró actividad. Aun con esa salvedad, los datos de procesamiento indican que varias de las grandes refinerías ya trabajaban cerca de su capacidad nominal. Una crisis de precios puede volver más rentable producir diésel; no construye nuevas unidades de refinación de un mes a otro.
Hay, además, una demanda local que atender. El gasoil mueve camiones, maquinaria agrícola y buena parte del transporte argentino. También puede ser requerido para generar electricidad cuando otras fuentes no alcanzan. Por eso una eventual oportunidad exportadora no se mide sólo por lo que sale de la refinería, sino por lo que queda disponible después de abastecer a esos consumidores.
El dato más revelador es que Argentina ya exporta algo de gasoil y, al mismo tiempo, todavía lo importa. Para julio de 2026, el relevamiento de Fiandesio registra cerca de 19.600 metros cúbicos exportados y 21.300 importados. No es una contradicción: pueden intervenir distintas calidades, destinos, contratos y necesidades de abastecimiento. Pero sí muestra que no existe un gran excedente uniforme esperando compradores extranjeros. En agosto, el INDEC todavía registró importaciones de gasoil por 45 millones de dólares; en los primeros ocho meses del año sumaron 397 millones. Esa última cifra fue menor que la de 2025, aunque siguió siendo una compra al exterior.
Una oportunidad real, pero de otra escala
Pongamos las magnitudes una junto a la otra. Los aproximadamente 19.600 metros cúbicos de gasoil que Argentina exportó en todo julio equivalen a unos 4.000 barriles diarios. La caída de las exportaciones netas del Golfo y Rusia entre febrero y agosto fue de 1,6 millones de barriles diarios. No son cifras del mismo mes ni describen exactamente el mismo fenómeno: una mide envíos argentinos y la otra, una reducción del comercio de dos regiones. Sirven, sin embargo, para ver la escala. Los embarques argentinos de julio equivaldrían a alrededor del 0,25% de esa reducción diaria. Argentina puede participar del mercado; con los volúmenes actuales no puede cerrar el agujero mundial.
Esto no significa que el país quede al margen de la oportunidad. Puede vender más petróleo crudo a las refinerías de otros países, que son quienes cuentan con instalaciones para transformarlo y colocar el diésel donde falta. También puede exportar partidas de gasoil cuando la producción y la demanda interna lo permitan. De hecho, la normativa aprobada en julio de 2026 contempla expresamente la exportación de ese combustible, junto con la de crudo y otros derivados, y conserva herramientas para intervenir si aparecen problemas de abastecimiento local. La posibilidad legal existe; el volumen disponible es la restricción decisiva.
A más largo plazo, la diferencia entre exportar crudo y exportar diésel plantea una decisión económica. Si Argentina quiere convertirse en proveedor relevante de combustibles terminados, necesita inversiones en refinación, en las unidades que determinan la calidad y cantidad de cada producto, y en la logística para llevarlo a los mercados. También necesita que esos proyectos resulten rentables más allá del precio excepcional de una crisis. Una refinería se paga durante años; una escasez internacional puede durar bastante menos.
Vaca Muerta cambió la posición energética argentina. Hoy el país tiene petróleo para ofrecer cuando el mundo lo busca, una ventaja que antes parecía lejana. Pero confundir esa fortaleza con la capacidad de reemplazar el diésel que dejaron de exportar Rusia y el Golfo llevaría a una conclusión equivocada. Argentina está en condiciones de aprovechar la crisis principalmente como exportadora de crudo y, en menor escala, con ventas puntuales de gasoil. Para responder de verdad al faltante mundial de diésel tendría que expandir otra parte de su cadena energética: la que convierte los barriles del subsuelo en combustible disponible para un camión, un tractor o un buque del otro lado del océano.
Fuentes consultadas: AIE, informe de septiembre de 2026 · Secretaría de Energía, producción de julio · INDEC, producción industrial · INDEC, comercio exterior de agosto · Fiandesio, balance de combustibles · Fiandesio, refinerías · Resolución 166/2026




