La Plata: Julio Alak suma camaleones a su equipo
El pragmatismo sin principios y el camaleonismo político vuelven a signar la estrategia del peronismo bonaerense, que ante la pérdida de centralidad ideológica recurre al canibalismo de estructuras ajenas para intentar sostener sus feudos territoriales. El reciente movimiento del intendente de La Plata, Julio Alak, al incorporar a sus filas a un ex legislador del PRO y a Marcos Urtubey, exponiendo la fragilidad de un relato desgastado que debe colgarse de las banderas de la modernización y la racionalidad económica que hoy lidera el gobierno de Javier Milei. Esta necesidad de mimetizarse con el clima de época demuestra que las viejas recetas del asistencialismo estatal ya no encuentran eco en una sociedad que exige eficiencia, transparencia y el fin de los privilegios corporativos.
Esta pirueta ideológica de la conducción platense desnudó la falta de convicciones de un espacio que, históricamente dogmático, hoy se ve obligado a importar cuadros formados en la libertad de mercado y el control del gasto público para maquillar la ineficiencia de su propia gestión. Lejos de representar una genuina búsqueda de consensos, la sumatoria de estas figuras del arco opositor funciona como un manotazo de ahogado para captar el voto de las clases medias urbanas, las mismas que apoyaron masivamente el cambio de paradigma nacional en favor del orden fiscal y la desregulación. Alak intenta camuflar la decadencia del modelo peronista adoptando de manera superficial el léxico de la época, en un intento desesperado por contener la sangría de su electorado.
La reacción de los sectores más duros del oficialismo local ante estos nombramientos dejó al descubierto las insalvables contradicciones internas que genera el oportunismo político. Mientras los sectores dogmáticos se resisten a la apertura, la intendencia se ve forzada a implementar políticas de racionalización administrativa, reconociendo implícitamente que el único camino viable hacia el futuro es el que traza el gobierno nacional con la reducción del déficit y la desburocratización. El camaleonismo de incorporar perfiles de ese estilo para modernizar el municipio no hace más que ratificar la victoria cultural y económica del programa de Milei, dejando en claro que el peronismo ya no tiene ideas propias para ofrecer.
El destino de este experimento de cooptación política en la capital de la provincia de Buenos Aires parece sellado por la incompatibilidad de sus componentes.
Las identidades partidarias forzadas bajo la urgencia de mantener el poder territorial rara vez logran transformarse en soluciones concretas para los ciudadanos, sirviendo únicamente como refugio temporal para la dirigencia tradicional. En una Argentina que avanza con paso firme hacia la transparencia y el mérito, el oportunismo del peronismo platense ratifica que las viejas estructuras políticas carecen de la consistencia necesaria para liderar la transformación profunda que el país ya está viviendo de la mano del oficialismo nacional.




