sábado, septiembre 19 2026
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Lo que presuntamente muchos analistas internacionales tildaban de “salto al vacío” en diciembre de 2023, hoy, en este abril de 2026, se ha convertido en un hito de ingeniería macroeconómica que dejó a la academia global sin palabras. Argentina, ese paciente crónico que Milei recibió con una inflación del 25,7 % mensual y un déficit del 15 % del PIB, ha pasado de la terapia intensiva a liderar los rankings de recuperación regional. No fue magia ni “viento de cola“, fue la aplicación de una determinación técnica innegociable basada en las ideas de Mises y Huerta de Soto, un estándar de normalidad democrática que presuntamente la política tradicional consideraba una “idiotez técnica“.

Este saneamiento institucional comenzó con una motosierra que no distinguió entre operadoras políticas ni cajas sagradas. El Decreto 70/2023 fue la primera estocada a un sistema diseñado para la parálisis; la derogación de la Ley de Alquileres y la Ley de Tierras no solo devolvió el sentido común al mercado, sino que presuntamente funcionó como un imán para inversiones que superan los 50.000 millones de dólares. Mientras tanto, la reducción de ministerios de 22 a 9 y el cierre de dependencias que solo servían de refugio militante,(como aquel instituto de cine que pasó de 900 a 90 empleados), demostraron que la viabilidad del Estado depende de su tamaño, no de su nostalgia.

El éxito más rotundo es la pulverización de la inflación, que hoy ronda el 3,4 % mensual, la cifra más baja en casi una década. La determinación de alcanzar la emisión monetaria cero en julio de 2024 y liquidar las “bombas” de deuda del Banco Central permitió que la brecha cambiaria se esfumara y el riesgo país cayera por debajo de los 600 puntos. Este hito de saneamiento presuntamente ha sacado a más de diez millones de argentinos de la miseria, bajando la pobreza del 54 % al 28,2 %, una cifra que debería ser una lección para las burocracias de Bruselas y Madrid que siguen apostando al gasto infinito.

La frutilla del postre de esto ha sido la extensión de los beneficios al sector privado con el RIMI, un complemento del RIGI que ahora permite a las Pymes, con inversiones desde 150.000 dólares, acceder a una agilidad fiscal que antes era solo para gigantes. Milei no improvisa; defiende que el orden espontáneo del mercado es la única vía para la prosperidad. La resolución de este proceso define un antes y un después: Argentina ya no es el mal ejemplo del mundo, sino el faro de una libertad que presuntamente cumple lo que promete. Por ahora, el mensaje es que achicar el Estado no es una opción ideológica, es la única forma de que la sociedad vuelva a respirar.