sábado, septiembre 19 2026
🇦🇷 Oficial:
🟦 Blue:
BTC:
Ξ ETH:
💵 USDT:

La salida de Marcelo D’Agostino de la Subsecretaría de Justicia no solo dejó un despacho vacío y un tendal de explicaciones pendientes en el Ejecutivo; presuntamente, ha funcionado como el reactivo químico que volvió a exponer las fracturas de la Suprema Corte de Mendoza. Lo que en los papeles se presentaba como una convivencia institucional madura terminó siendo una cáscara que el escándalo rompió sin demasiado esfuerzo, reabriendo una interna que muchos daban por saldada tras las últimas reformas.

En los pasillos de Tribunales el conflicto se basa en la renuncia del funcionario, envuelta en una gravísima denuncia penal, que ha servido de combustible para que los sectores de la Corte que nunca comulgaron con el “ala oficialista” vuelvan a levantar la voz. Hay un marcado énfasis en que la cercanía de algunos magistrados con la gestión anterior no era solo una cuestión de sintonía técnica, sino un vínculo que hoy, ante la magnitud del caso, se vuelve radiactivo. El rumor de que el “teléfono rojo” entre la Casa de Gobierno y el Palacio de Justicia está experimentando interferencias es, en rigor, un secreto a voces que presuntamente complica el estándar de previsibilidad que Cornejo intenta proyectar.

El ruido interno en la Corte es una “idiotez técnica” que el oficialismo no se puede permitir en pleno proceso de recambio. Mientras la designación de Juan Carlos Jaliff busca actuar como un tapón de experiencia para frenar la hemorragia política, los supremos parecen haber entrado en una fase de recalibración de lealtades. Las “operadoras” judiciales, que siempre se mueven con la elegancia de quien no rompe un plato, ya estarían midiendo los alcances de una causa que presuntamente podría rozar a otras figuras del andamiaje judicial mendocino.

La viabilidad de la paz social en el Poder Judicial depende ahora de que las esquirlas del caso no terminen de perforar la imagen de independencia que la provincia tanto pregona. Defender la integridad del máximo tribunal mientras se procesa el impacto de una denuncia de esta calaña es la batalla necesaria por la verdad que hoy divide aguas en el cuarto piso. La resolución de esta grieta definirá si la Corte recupera un estándar de normalidad democrática o si seguirá siendo el escenario de una pulseada donde, presuntamente, el fuego amigo es el peligro más inminente. Por ahora, el mensaje es de una tensa espera: en Mendoza, cuando el Ejecutivo estornuda, la Suprema Corte parece haber empezado a toser.