Autonomía municipal: el portazo del PJ que deja al oficialismo hablando solo
El pomposo debate sobre la autonomía municipal en Mendoza acaba de chocar contra el muro de la realidad legislativa. Lo que el oficialismo intentaba vender como un salto de calidad institucional terminó en un desplante: los legisladores del Partido Justicialista se levantaron de la comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales, dejando la discusión en un limbo técnico y al cornejismo con el quórum justo. Esta retirada no es solo un berrinche reglamentario; es la confirmación de que la desconfianza política hoy pesa mucho más que cualquier intención de reforma estructural, dejando en claro que la viabilidad de estos cambios depende de una sintonía que hoy no existe.
La ingeniería de la ruptura tiene un trasfondo netamente financiero y de poder territorial. Para el peronismo, avanzar con la enmienda del artículo 197 de la Constitución sin discutir antes la letra chica de la coparticipación es una “idiotez técnica” que solo busca trasladar responsabilidades a los intendentes sin darles los recursos correspondientes. Hay un marcado énfasis en el temor de los jefes comunales de la oposición a que este proyecto se convierta en una trampa de desfinanciamiento, creando municipios de primera y de segunda según su color político. El rumor en los pasillos de la Legislatura es que el oficialismo intentó “meter el perro” con un despacho apresurado para frenar la movida autónoma que San Rafael ya inició por su cuenta, forzando un portazo que presuntamente ya estaba en los planes de un PJ que no quiere regalarle ninguna bandera al Ejecutivo.
En el cuarto piso de la Casa de Gobierno repiten el guion de siempre: que la autonomía es la llave para que los intendentes dejen de pedir permiso hasta para cambiar una lamparita. Pero en la práctica, la mesa de trabajo terminó siendo un ring donde las operadoras de cada bando se tiran con el reglamento por la cabeza. El apuro de Cornejo por sacar la reforma a paso de carga chocó de frente con un PJ que, entre purga y purga, parece haber descubierto que el bloqueo legislativo es su única forma de no quedar invisible en el mapa político provincial.
Al final, la famosa autonomía sigue siendo ese postulado de manual que todos citan pero nadie se anima a soltar del todo. Lo que debería ser una discusión sobre la descentralización del poder se transformó en un juego de sombras donde lo que realmente se está pulseando no es la libertad de los municipios, sino quién se queda con la llave de la caja y quién escribe la letra chica de las futuras Cartas Orgánicas. Por ahora, el proyecto quedó en terapia intensiva y el mensaje es de una parálisis absoluta: Mendoza deberá definir si está para dar un salto institucional serio o si prefiere seguir presa de una grieta que, en nombre de la libertad municipal, termina reforzando el centralismo de siempre.




