sábado, septiembre 19 2026
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En una votación que expone la profunda fractura política en Estrasburgo, la Eurocámara ha solicitado al Tribunal de Justicia de la UE que examine la legalidad del pacto, cuestionando la maniobra de Bruselas para esquivar la ratificación de los parlamentos nacionales.


El histórico tratado comercial firmado el pasado 17 de enero en Asunción, diseñado para integrar un mercado de 700 millones de consumidores, ha chocado contra un muro procesal que pone en duda su implementación inmediata. Este miércoles, el Parlamento Europeo aprobó remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para determinar si el acuerdo contraviene los tratados fundamentales del bloque.

El núcleo de la controversia judicial se centra en la decisión de la Comisión Europea de fraccionar el pacto, una “táctica de división” que, según los legisladores denunciantes, tuvo como único fin anular la capacidad de veto de los parlamentos nacionales de los Estados miembros. Los jueces deberán ahora dictaminar si este atajo administrativo vulnera la gobernanza democrática de la Unión, lo que podría invalidar la estructura misma del acuerdo.

La impugnación no se limita a las formas, sino que ataca el fondo del compromiso alcanzado con Sudamérica. La resolución aprobada pone bajo la lupa el “mecanismo de reequilibrio”, una cláusula que otorga a los países del Mercosur el derecho a aplicar medidas compensatorias si futuras normativas ambientales de la UE perjudican sus exportaciones. Para los detractores del pacto, este punto carece de base legal clara y otorga una ventaja excesiva a los socios del Cono Sur.

Pese a este escenario de incertidumbre, la Comisión Europea mantiene la facultad técnica de avanzar con una aplicación provisional del tratado. No obstante, realizarlo implicaría romper una promesa de no innovar enviada por correo electrónico a varios eurodiputados y escalaría la tensión institucional a niveles críticos en un momento de fragilidad política para Bruselas.

El mapa de la votación reflejó una fragmentación ideológica sin precedentes. La iniciativa fue impulsada por una alianza pragmática entre los grupos de izquierda, los Verdes y los liberales de Renovar Europa, a la que se sumó de manera decisiva el bloque de extrema derecha Patriotas por Europa, liderado por Jordan Bardella. En contraste, las familias mayoritarias —el Partido Popular Europeo y los Socialistas— intentaron sin éxito blindar el acuerdo, aunque sufrieron fugas internas por parte de legisladores presionados por sus electorados agrarios.

Por su parte, los Conservadores y Reformistas Europeos mostraron una división geográfica marcada: mientras los polacos y franceses votaron por el bloqueo judicial, las delegaciones de Italia y los países bálticos mantuvieron su respaldo al libre comercio.

Con el proceso ahora en manos de la justicia, el futuro de la mayor zona de libre comercio del mundo queda supeditado a un fallo que podría tardar meses en llegar, enfriando las expectativas de crecimiento inmediato para ambas regiones.