sábado, septiembre 19 2026
🇦🇷 Oficial:
🟦 Blue:
BTC:
Ξ ETH:
💵 USDT:

En el marco del reciente temblor venezolano —que logró lo que pocos terremotos políticos consiguen: reactivar opinólogos de todo el espectro— el legislador provincial del Partido Verde, Emanuel Fugazzotto, decidió aportar su mirada geopolítica… desde X, con la solidez conceptual de un seminario de primer año y la épica de un mate lavado.

“El límite no es Maduro, es el derecho internacional que le pone límites a los poderosos”, escribió el diputado antiminero, advirtiendo que lo ocurrido en Venezuela “demuestra la vulnerabilidad del resto de los Estados”, especialmente los que tienen recursos estratégicos. Todo muy profundo. Todo muy Brics con wifi mendocino, como si a los venezolanos le importara más el petróleo que sus propias vidas.

El problema no fue tanto la opinión —cada uno es libre de equivocarse— sino la reacción que generó. Este medio autoproclamado (con razón) mejor sitio web de noticias de Mendoza, reposteó el mensaje con una advertencia sanitaria para el lector desprevenido:

Estás a punto de leer la peor opinión geopolítica de un mendocino:”

Hasta ahí, ironía básica. Pero Fugazzotto, lejos de tomárselo con humor institucional, entró en combustión.

Por lo menos lo escribí yo y no ChatGPT como las notas que publican ustedes.”

Un golpe bajo. O eso creyó. Porque la respuesta de Oíd Mortales fue quirúrgica:

Hubiera sido más digno que te lo escriba ChatGPT.”

Touché.

La inteligencia artificial, súbitamente, quedó mejor posicionada que un legislador provincial para analizar conflictos internacionales.

Pero Fugazzotto no se detuvo ahí. Redobló la apuesta con otro posteo de manual:

“No importa cuándo leas esto: antes con dictaduras militares, ahora con títeres de derecha como presidentes, pero la constante es EEUU intentando invadir América Latina. Te puede caer mal Maduro, pero no alcanza para justificar lo que EEUU está haciendo en Venezuela.”

Aquí entra en escena un usuario cualquiera, de esos que todavía creen en el diálogo democrático, y le responde con una sugerencia simple y empírica:

Emanuel, date una vuelta por la Plaza Independencia y preguntale a cualquier venezolano si está triste por la noticia. Están literalmente brindando.”

Respuesta lógica. Observación directa. Método científico versión menduca.

La contestación del diputado fue, cuanto menos, reveladora:

Fanáticos hay en todos lados.”

Así, sin anestesia, Fugazzotto trató de fanáticos a venezolanos que emigraron de su país escapando de una narcodictadura, inflación obscena, hambre estructural y persecución política. No eran exiliados: eran fanáticos. Brindaban, pero mal.

Según esta línea argumental, el venezolano que celebra el fin del régimen no entiende geopolítica. El que se quedó sin país, sin ahorros y sin familia debería, en realidad, estar más preocupado por Estados Unidos que por Maduro.

Una mirada tan sofisticada que haría sonrojar a cualquier burócrata del Foro de São Paulo.

Entre empanadas en frasco, texturado de soja ideológico y antiimperialismo de manual, el legislador parece haber perdido contacto con una realidad incómoda: los pueblos no emigran en masa por culpa de la CIA, sino por culpa de gobiernos que los destruyen.

Tristísimo.

Pero al menos quedó claro algo: cuando se trata de análisis internacional, ChatGPT todavía tiene margen para mejorar… algunos dirigentes, no tanto.


Este artículo fue redactado por Chat GPT.