sábado, septiembre 19 2026
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A días de Nochebuena, la Casa Rosada no entra en modo festivo. La mesa política del presidente se reunió para cerrar la previa de una sesión clave en el Senado, donde el oficialismo apuesta a sancionar el Presupuesto 2026 sin margen de error. Aunque en Balcarce 50 aseguran que “está todo cerrado”, las negociaciones continúan, el malestar del interior crece y Patricia Bullrich y Diego Santilli siguen afinando los últimos movimientos.


Mientras gran parte del Congreso empieza a pensar en el brindis de fin de año, el Gobierno decidió acelerar. Este lunes, la mesa política del presidente Javier Milei volvió a reunirse en Casa Rosada con un objetivo concreto: garantizar la sanción del Presupuesto 2026 en el Senado este viernes. En el oficialismo transmiten calma, pero puertas adentro reconocen que no hay espacio para errores.

El encuentro se realizó en Balcarce 50 y fue encabezado por la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. También participaron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el ministro del Interior, Diego Santilli; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; la titular del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich; y el asesor presidencial Santiago Caputo.

La consigna fue clara: llegar al viernes con los números asegurados y sin sorpresas.

720

Desde el entorno presidencial repiten que el Presupuesto “ya está terminado” y que el oficialismo cuenta con los votos necesarios para aprobarlo. El cálculo más conservador habla de entre 37 y 41 senadores dispuestos a acompañar, una mayoría suficiente para cerrar el primer Presupuesto de la gestión libertaria.

Para despejar cualquier foco de tensión, Milei tomó una decisión política clave: no insistir con el Capítulo XI, el apartado que incluía la derogación de la Ley de Emergencia en Discapacidad y del financiamiento universitario. Ambas iniciativas habían sido incorporadas a último momento y terminaron detonando la negociación en Diputados.

El propio presidente lo dejó en claro públicamente: el Gobierno prioriza el Presupuesto y el equilibrio fiscal, aun cuando eso implique retroceder en reformas que considera necesarias. La orden fue avanzar con la ley tal como está y corregir partidas luego mediante reasignaciones internas, sin subir impuestos.

Con el conflicto desactivado, el trabajo fino quedó en manos de Santilli y Bullrich, los dos engranajes políticos más activos del oficialismo en el Congreso. Santilli mantiene contacto permanente con los gobernadores considerados “dialoguistas”, mientras que Bullrich encabezó reuniones virtuales con senadores de distintos bloques para ordenar voluntades.

Según admiten en la Cámara alta, la mayoría de los senadores responde a sus gobernadores, y desde las provincias ya bajaron la instrucción de acompañar. Sin embargo, el respaldo no llega sin costo político.

Más allá del contenido del Presupuesto, la fecha de la sesión generó fuerte malestar en los bloques del interior. La convocatoria para el viernes posterior a Navidad obligó a varios senadores a interrumpir sus planes familiares y regresar de urgencia a Buenos Aires.

“Es una sesión pensada para porteños”, se quejó un legislador del interior, molesto por las complicaciones logísticas y el poco margen de previsión. El enojo no necesariamente se traducirá en votos en contra, pero sí expone una tensión latente entre el Gobierno y las provincias.

El recuerdo todavía fresco es el de lo ocurrido en Diputados, cuando varios gobernadores que el oficialismo daba por aliados finalmente no aportaron todos sus votos. Entre ellos, Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Rolando Figueroa, Gustavo Valdés y Leandro Zdero.

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Las críticas de Sáenz resonaron fuerte en Casa Rosada: equilibrio fiscal sí, pero sin perder de vista la gobernabilidad y las demandas sociales. El mensaje fue recibido, al menos parcialmente, con la decisión de no reabrir el capítulo más conflictivo del Presupuesto.

Qué más se juega el viernes

Además del Presupuesto 2026, el oficialismo buscará avanzar con la Ley de inocencia fiscal, que apunta a incentivar el uso de dólares no declarados en la economía formal. En cambio, otras iniciativas sensibles —como la reforma laboral o los cambios en la Ley de Glaciares— fueron postergadas para febrero ante la resistencia opositora y sindical.

En Balcarce 50 el diagnóstico es pragmático: paso a paso. Primero el Presupuesto, después el resto.

Si todo sale según lo previsto, el Gobierno llegará al 31 de diciembre con un dato político central: haber aprobado el primer Presupuesto de la era Milei. No será un cierre épico ni sin costos, pero sí una señal de orden interno y de control del Congreso en un año donde cada voto cuenta.