sábado, septiembre 19 2026
🇦🇷 Oficial:
🟦 Blue:
BTC:
Ξ ETH:
💵 USDT:

Los antimineros volvieron a montar su circo habitual: pancartas berretas, consignas delirantes y amenazas disfrazadas de “lucha ambiental”. Pero esta vez se les cayó la careta. Mientras se aferran a mentiras que ya nadie cree, la ciencia los contradice, la ley los desmiente y la realidad los pasa por arriba. Quedó claro: el único derrame tóxico en Mendoza es el del miedo que ellos mismos fabrican


Hay una industria entera dedicada a vender miedo. Miedo al agua, miedo a la minería, miedo al progreso. Algunos viven de eso. Y cada vez que aparece un proyecto serio, auditado, aprobado bajo las leyes más estrictas del país, los mismos de siempre desempolvan el guion: “cianuro”, “terremoto”, “saqueo”, “sin licencia social”. Cambian los nombres, cambian los colores de las banderas, pero la estrategia es idéntica: que Mendoza siga pobre, mirando desde lejos cómo el resto del país avanza.

El Proyecto San Jorge —hoy rediseñado como PSJ Cobre Mendocino— se bancó todo: auditorías, cambios de diseño, exigencias, la Ley 7722 completa y sin atajos, horas de exposición pública y un tratamiento legislativo impecable. Y aun así, los antimineros siguen tratando de vender humo. Literalmente: humo, gritos y patotas.

Acá va, sin anestesia, el repaso por las cinco grandes mentiras del discurso antiminero. Y, por supuesto, la realidad que los deja en ridículo.

1. La mentira del cianuro: el cuento tóxico que ya nadie cree

En cada marcha antimineros aparece el mismo cartel fotocopiado, amarillento, repetido desde hace décadas: “Cianuro = muerte”. Es un rezo mecánico, casi una religión para quienes necesitan sostener su relato con palabras que generen miedo. Pero el problema es simple: es mentira. El Proyecto San Jorge no usa cianuro, ni ácido sulfúrico, ni mercurio, porque la Ley 7722 es clara y estricta. Y aunque les incomode a los profesionales del “no”, el proyecto cumple absolutamente con la normativa vigente, sin atajos, sin zonas grises, sin esas fantasías conspirativas que agitan en cada protesta. Se trabaja con flotación y xantatos, un reactivo biodegradable usado en todo el mundo, permitido incluso en países con normas más duras que las nuestras. Pero claro: decir “xantato” no prende fuego ninguna asamblea. Decir “cianuro” sí. Por eso repiten la palabra como si fuera un conjuro, aunque la ciencia y el expediente oficial los contradigan. La Cámara de Diputados votó la DIA por 32 votos contra 13 porque los informes técnicos son sólidos, completos y verificables. No porque un grupo de militantes pegue cuatro gritos en la plaza.

2. La mentira del agua: el negocio del miedo convertido en slogan

La otra mentira clásica es la del agua. La dicen con una épica absurda: “Nos van a dejar sin agua”. Pero no resiste ni la calculadora del celular. El uso autorizado del proyecto es de 150 litros por segundo, menos del 1% del caudal de la cuenca. Una gota en el océano. Tan ínfimo que no modifica ni una línea del balance hídrico. Y para rematar: no se toca ni un solo litro de agua potable de los vecinos, no se intervienen perforaciones comunitarias, no se desvía la red, no se afecta el río Mendoza. El agua proviene de derechos privados en la Estancia El Yalguaraz, adquiridos legalmente, fiscalizados y auditados. Y la operación se hace en circuito cerrado, reciclando casi todo el volumen. Pero claro, eso no sirve para el show: es mucho más rentable ponerse un pañuelo azul, gritar frente a una cámara y juntar likes en Instagram. La militancia ambientalista moderna se volvió exactamente eso: estética antes que evidencia.

3. La mentira del dique: el apocalipsis imaginario que venden hace 20 años

El capítulo del “dique que se rompe” parece sacado de una película de desastre clase B: hablan de terremotos, explosiones y del pueblo entero arrastrado por una ola tóxica. Un guion viejo, gastado y falso. San Jorge no utiliza un dique líquido convencional como los de hace cuarenta años. Usa un depósito de colas espesadas, con material semisólido, geomembranas de alta densidad, drenaje controlado, monitoreo constante y diseño pensado específicamente para la sismicidad de la cordillera. Es ingeniería moderna. Es geotecnia seria. Es tecnología comprobada. Del otro lado, sólo hay megáfonos, slogans y miedo. Siguen repitiendo los mismos argumentos de 2007, como si no hubieran pasado 18 años de avances en minería, obras civiles y manejo de residuos. Si fuera por ellos, Mendoza seguiría firmando documentos en máquina de escribir “para no tentar al destino”.

4. La mentira de la “licencia social”: la minoría ruidosa disfrazada de pueblo

Otra mentira predilecta del lobby antiminero es la del “rechazo social”. Afirman que “todo Uspallata está en contra”, cuando la realidad es mucho más simple: hay una minoría muy ruidosa, muy organizada y muy entrenada para presionar. Son profesionales de las rutas cortadas, de los escraches y de la intimidación. Pero no representan al vecino común, al trabajador, al comerciante, al que necesita un empleo y una oportunidad. Esa mayoría silenciosa no milita, no vive en asambleas, no pasa el día en Twitter. Existe, aunque no salga a gritar a la calle. La verdadera prueba de respaldo está donde se toman decisiones institucionales: la Legislatura. Allí, con una votación plural y contundente, se dio luz verde al proyecto. Esa es la licencia social democrática. Lo demás es el ruido de siempre: 40 personas pintando paredes creyendo que representan al pueblo entero. Que una minoría intensa grite no invalida una política de Estado.

5. La mentira del “saqueo”: el último recurso cuando ya no queda nada para inventar

Y cuando ya no les queda nada para decir, cuando el miedo deja de funcionar y las consignas se desgastan, sacan su última carta: “Es saqueo, no dejan nada”. Una mentira tan grande que sólo se sostiene porque nadie les pide mostrar números. La inversión inicial del proyecto supera los 462 millones de dólares, más todo lo que implica la etapa operativa en los años siguientes. Se crearán 3.900 empleos en construcción y 2.400 durante la operación, priorizando mano de obra mendocina. Son familias, salarios, proveedores, PyMEs, transportistas, comercios, contratistas. A eso se suman regalías, impuestos, infraestructura, caminos y un impulso energético y económico que beneficiará a toda la región. Todo eso sin un solo peso del Estado. Pero para algunos, si no están cortando la ruta, no cuenta como trabajo productivo.

La acusación de “saqueo” es el último suspiro de un movimiento que vive anclado en 2007, repitiendo frases viejas mientras el mundo ya discute electromovilidad, transición energética y minerales críticos. Mientras las provincias vecinas avanzan, exportan y generan desarrollo, Mendoza sigue atrapada en una discusión infantil basada en carteles mal impresos y slogans reciclados. La distancia entre realidad y relato nunca fue tan obscena.

Resucitan el proyecto minero de oro y cobre de San Jorge, en Uspallata