Cornejo gana la pulseada: Pamela Verasay presidirá el bloque más chico en la historia de la UCR
La interna radical volvió a estallar en la Cámara de Diputados. Con fugas hacia Provincias Unidas y La Libertad Avanza, el centenario partido quedó reducido a un bloque mínimo de seis legisladores. En medio del reacomodamiento, la mendocina Pamela Verasay —respaldada por Alfredo Cornejo— se impuso y quedó al frente de la bancada. La derrota empujó a Karina Banfi a romper y formar un monobloque.
La Unión Cívica Radical atraviesa uno de los momentos más extraños —y quizá más críticos— de su historia parlamentaria reciente. El legendario partido centenario, acostumbrado durante décadas a ocupar espacios de poder determinantes en la Cámara de Diputados, hoy enfrenta un escenario completamente distinto: fragmentación interna, pérdida de volumen político y la migración de una parte importante de sus referentes hacia otros espacios legislativos.
Con una porción considerable de diputados que decidió formar parte del bloque Provincias Unidas —una estructura que reúne a sectores de Santa Fe, Córdoba y el entorno político de Martín Lousteau— y otros legisladores que directamente optaron por alinearse con La Libertad Avanza, lo que quedó como “bloque puro” de la UCR en Diputados es hoy un grupo reducido a solo seis integrantes. Una cifra impensada hace apenas unos años y que marca, sin matices, la dimensión de la crisis interna.
En ese contexto de achicamiento y reacomodamiento obligado, la presidencia de este microbloque desató una interna feroz. La disputa no era meramente administrativa: implicaba definir quién tendría el timón del último núcleo institucional que sostiene la UCR dentro de la Cámara Baja. Finalmente, la pulseada la ganó Pamela Verasay, diputada mendocina que logró renovar su banca y que llegó a la conducción con el explícito respaldo del gobernador Alfredo Cornejo, figura clave en el armado nacional radical.
La decisión generó un terremoto interno, especialmente en el sector encabezado por la bonaerense Karina Banfi, quien veía en la presidencia del bloque una herramienta para equilibrar el poder interno del partido frente al avance del sector cornejista. La derrota dejó heridas inmediatas: Banfi no solo perdió la contienda sino que decidió romper con el espacio y conformar un monobloque, una señal inequívoca de la creciente atomización radical.
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El nuevo bloque “UCR-Unión Cívica Radical” quedó conformado de la siguiente manera:
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Pamela Verasay (Mendoza) – Presidenta
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Lisandro Nieri (Mendoza)
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Guillermo Agüero (Chaco)
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Gerardo Cipolini (Chaco)
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Diógenes González (Corrientes)
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Darío Schneider (Entre Ríos)
Es una bancada geográficamente diversa, pero políticamente alineada detrás del liderazgo de Verasay y, por extensión, del propio Cornejo. De hecho, la presencia del correntino Diógenes González, ex ministro de Desarrollo de Gustavo Valdés, reavivó especulaciones sobre el futuro del Comité Nacional de la UCR: en pocas semanas vence el mandato de Martín Lousteau, y aunque Valdés insiste públicamente en que no busca presidir el partido, dentro del radicalismo muchos lo observan como el nombre natural para conducir la nueva etapa.
Cornejo fortalece su control en un partido fragmentado
La interna dejó al descubierto una verdad incómoda: el radicalismo ya no solo enfrenta un problema de tamaño, sino también de identidad y estrategia. Banfi, quien hasta último momento intentó evitar el avance del esquema cornejista, terminó desplazada de hecho. Su salida confirma que la UCR no solo achicó su representación parlamentaria, sino que además se fragmentó en pequeños subbloques sin cohesión programática ni horizonte compartido.
Durante la tensa jornada de jura de los nuevos diputados, se envió una nota formal al presidente de la Cámara, Martín Menem, oficializando la nueva composición. El documento, breve y directo, dejaba claro lo esencial: Pamela Verasay es la presidenta del bloque. Detrás de esa frase —seca y contundente— se esconde una reconfiguración de poder que excede ampliamente la Cámara de Diputados.
La UCR, en este tramo histórico, perdió volumen, perdió unidad y perdió peso político real. Sin embargo, dentro de esa crisis, Cornejo demostró una vez más que conserva el control de los resortes internos clave. La conducción del bloque es una pieza más dentro de un tablero que busca reorganizarse mientras el radicalismo intenta no quedar relegado en un Congreso que presenta nuevas alianzas, nuevas correlaciones de fuerza y un mapa político en plena transformación.





