sábado, septiembre 19 2026
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En la sesión de jura de los nuevos legisladores, la flamante senadora libertaria Patricia Bullrich quiso hablar para denunciar irregularidades en el ingreso de familiares, pero la vicepresidenta le negó la palabra. Fue el primer choque institucional entre las dos figuras más influyentes del oficialismo.


La primera foto de Patricia Bullrich como senadora de La Libertad Avanza no fue la imagen ordenada y solemne que imaginaban en Casa Rosada. Fue otra: la de un cruce directo con Victoria Villarruel, en pleno recinto, que dejó al descubierto tensiones internas que no tardarán en escalar. La exministra de Seguridad, que asumió como jefa del bloque oficialista, pidió la palabra sobre el final de la sesión para denunciar que “no se respetó el mínimo de tres familiares por senador” que había sido acordado. Pero Villarruel —titular del Senado y a cargo de la ceremonia— se la negó sin rodeos.

La escena fue breve, pero alcanzó para encender el termómetro político. Villarruel recordó el acuerdo de Labor Parlamentaria: cero discursos, solo jura. Bullrich quiso insistir, pero la Vicepresidenta dio por finalizada la sesión. Ahí Bullrich se levantó, caminó hasta el estrado y, en un gesto que no pasó desapercibido, encaró a Villarruel cara a cara. La discusión fue corta, silenciosa y tensa.

Cerca de Bullrich dicen que la senadora simplemente pedía “orden y respeto a las reglas”, porque —según explicó luego a la prensa— “a todos nos dieron tres invitaciones, pero varios entraron con mucha más gente”. El reclamo suena menor, pero en política nada es menor cuando se trata de poder y jerarquías internas.

Un debut incómodo para LLA: Bullrich vs. Villarruel, capítulo uno

Lo que para algunos fue un incidente protocolar, para la dirigencia libertaria fue la primera señal de un choque inevitable. Bullrich llega al Senado con ambición, volumen político propio, respaldo presidencial y un rol central: ordenar un bloque que combina libertarios originales, peronistas sueltos, conservadores y exaliados PRO. En ese tablero, Villarruel representa la institucionalidad pura, el control del Senado y una agenda propia que no siempre coincide con la de Bullrich.

Pero el episodio también tuvo espectadores de peso: Karina Milei y Manuel Adorni presenciaron la escena desde los palcos. Ninguno tenía invitación oficial, y tampoco se lo habían informado a Villarruel. Aplaudieron a Bullrich de pie.
En política eso se llama mensaje.

Bullrich ya avisó que irá por la AFA

Apenas terminada la polémica por la jura, Bullrich siguió hablando… y subiendo el perfil. Ante la prensa, anunció que desde el Senado investigará la transparencia de la AFA. Lo dijo en medio del conflicto del Gobierno nacional con Claudio “Chiqui” Tapia y del escándalo por la sanción a Estudiantes.

“Hay muchas irregularidades que son vox populi”, lanzó.
“Voy a estudiar la transparencia de una asociación que no es cualquiera: es la AFA.”

Consultada sobre una posible intervención, respondió con un tono que mezcla prudencia y advertencia: “No lo puedo decir; lo estamos analizando desde el punto de vista legal”.

En definitiva: recién jura y ya apunta a uno de los organismos más pesados y opacos del país. Y lo hace desde un Senado que, al mismo tiempo, no le permitió ni hablar de invitados.

Bloomberg/Bloomberg via Getty Images

Villarruel marcó límites; Bullrich marcó presencia

El episodio dejó una conclusión clara: Villarruel hizo valer su rol institucional y marcó límites desde el primer minuto. Bullrich, por su parte, no se quedó callada y mostró que no piensa ocupar una banca decorativa ni someterse dócilmente a acuerdos internos que no comparte.

La tensión no es nueva, pero es la primera vez que se cristaliza en público. Y es apenas el comienzo de una convivencia que promete capítulos aún más ásperos. Bullrich llega al Senado como pieza política clave del mileísmo parlamentario. Villarruel es la Vicepresidenta, la presidenta del cuerpo y una figura con su propio espacio y ambiciones.

Cuando dos liderazgos fuertes ocupan el mismo escenario, el choque no es un accidente: es un síntoma.

Y el oficialismo ya tuvo el primero.