Cornejo lanzó otra señal pro-mercado: quiere más reservas en manos privadas
En el aniversario de Villavicencio, el gobernador volvió a elogiar la gestión privada de áreas protegidas y expresó su deseo de replicar ese modelo en el resto de las reservas provinciales. Admitió que “no es fácil”, pero dejó claro que su Gobierno avanzará en esa dirección.
El aniversario número 25 de la Reserva Natural Villavicencio fue mucho más que un acto protocolar. Fue el escenario elegido por Alfredo Cornejo para enviar un mensaje político claro, directo y alineado con la agenda nacional de Javier Milei: más gestión privada, menos Estado. Desde el corazón de una de las áreas naturales más emblemáticas de Mendoza, el gobernador elogió sin matices el modelo de administración privada y dejó sobre la mesa su intención de replicarlo en otras reservas de la provincia.
“Esta reserva de gestión privada se convirtió en un ejemplo y en una marca que agrega valor a Mendoza”, afirmó Cornejo, ante funcionarios provinciales, científicos, técnicos y empresarios. No era solo un reconocimiento: era una declaración programática. El mandatario no se limitó a ponderar el caso Villavicencio; directamente manifestó que “nos encantaría copiar este modelo en otras áreas protegidas”. La frase, lejos de ser anecdótica, reabrió un debate profundo: ¿quién debe administrar los bienes ambientales estratégicos de la provincia?

Privatización ambiental: el nuevo mensaje político de Cornejo
Cornejo matizó su ambición con una cuota de realismo: “Es muy fácil decirlo, no es tan fácil hacerlo”. Pero el contexto político que eligió para deslizarlo habla más fuerte que la frase. No fue un comentario al pasar: fue un posicionamiento. El mensaje fue directo al sector privado —que viene ocupando espacios cada vez más amplios en la agenda provincial— y también al electorado libertario, que observa con expectativa cualquier avance desestatizador.
Los logros de Villavicencio, según el gobernador, son la evidencia que respaldan su tesis: reducción del 91% de residuos, 15 años sin incendios, 70% de sustentabilidad económica, ingreso a la Lista Verde y participación en redes internacionales de conservación. Para él, la reserva gestionada por Aguas de Origen —alianza CCU–Danone— demuestra que la conservación puede sostenerse mejor desde la eficiencia privada que desde la burocracia estatal.
Cornejo no estuvo solo. Lo acompañaron el intendente de Las Heras, Francisco Lopresti; el presidente de Diputados, Andrés Lombardi; la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre; el ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu; y el subsecretario de Cultura, Diego Gareca. La foto fue un mensaje en sí misma: todo el gabinete clave del cornejismo avalando la idea de privatizar la gestión ambiental.
Durante el acto también hubo reconocimientos a técnicos, científicos y trabajadores que sostuvieron la reserva durante estas dos décadas y media. Cornejo destacó su participación en la Red Estratégica de Conservación del Cóndor Andino, el monitoreo del gato andino y la representación argentina en el Congreso Mundial de la Naturaleza. La estrategia comunicacional fue clara: mostrar que gestión privada no implica menos ciencia ni menos conservación, sino —según él— exactamente lo contrario.
Pero el mensaje político quedó instalado: Cornejo quiere avanzar hacia un modelo provincial en el que más reservas naturales pasen a manos privadas. No dio detalles sobre mecanismos, plazos o reformas legislativas, pero dejó en claro el rumbo. Y lo hizo en un contexto nacional donde Javier Milei impulsa desestatizaciones en múltiples frentes. La señal es coherente, deliberada y parte de un tablero más grande.
El gobernador sabe que la discusión no será sencilla. Las reservas poseen marcos legales estrictos, sensibilidad social y tensiones acumuladas. Pero también sabe que una parte importante de la sociedad valora la eficiencia y la reducción del gasto público. Y ahí es donde el discurso cala con fuerza.
Mientras Milei acelera su agenda y la oposición busca rearmarse, Cornejo avanza en Mendoza con su propia versión del Estado mínimo. Y Villavicencio —con su aniversario como excusa— fue el lugar donde eligió decirlo en voz alta.




