Tensión en el Cuarto Piso: la Corte se divide y la presidencia queda en el aire
El tribunal Supremo llega a la votación con un 3–3–1 explosivo: Garay debilitado, Adaro desafiando el statu quo y Valerio convertido en el voto que puede inclinar la balanza. Entre los nombres en pugna surge una alternativa que podría evitar el choque frontal en la Corte.
El poder judicial en su propio espejo
La Suprema Corte de Justicia de Mendoza llega a la elección de su nuevo presidente con un nivel de tensión que excede por completo el trámite institucional. La disputa entre ministros, el desgaste de liderazgos tradicionales y la presión política que sobrevuela desde afuera configuran un escenario donde lo que se vota es mucho más que un nombre: se vota la fisonomía futura del Poder Judicial. Dalmiro Garay, que durante años fue el administrador indiscutido del tribunal, enfrenta hoy un panorama inédito: su continuidad ya no es natural, la armonía interna se rompió y la relación con José Valerio —pieza central en la Justicia Penal— terminó en un distanciamiento que desacomodó la geometría interna de la Corte. Lo que antes era un bloque sólido hoy es un triángulo fracturado. Garay llega debilitado, sin la certeza de contar con los votos que solía tener sin esfuerzo.
Adaro rompe la inercia y obliga a discutir
La irrupción de Mario Adaro cambió todo el tablero. No se postuló para ganar, sino para cuestionar un sistema que considera envejecido. Y lo logró. Instaló el debate sobre la falta de rotación en la presidencia y propuso una reforma de fondo: mandatos anuales, alternancia obligatoria y una presidencia que deje de ser un territorio personal para convertirse en un espacio colegiado y dinámico. Sus palabras encontraron eco en Valerio, que hace tiempo dejó de alinearse con Garay y hoy juega su propio partido. Con el apoyo explícito del ministro penal, Adaro logró algo más importante que sumar votos: desnaturalizó la idea de continuidad y visibilizó que dentro de la Corte hay sectores que quieren mover el tablero, no solo administrarlo.
Valerio, el voto que pesa más que los otros seis
Desde que tomó distancia del oficialismo interno, Valerio pasó a ser el factor determinante. Su autonomía reconfiguró un mapa que ya no es 4–3, sino 3–3–1, donde ese uno —su voto— define quién presidirá la Corte y qué modelo se impondrá. No solo es un árbitro: es el ministro que hoy concentra el poder decisivo. Y su voto no parece estar atado al pasado, sino al tipo de Corte que imagina para adelante. En ese contexto, cualquier resultado posible —Garay, Adaro o un tercero— depende de él.
La carta silenciosa: María Teresa Day
En este clima, empezó a circular un nombre que puede resolver la tensión sin que nadie sienta que perdió: María Teresa Day. Su perfil técnico, su trabajo en el Fuero de Familia, su presencia en la Asociación de Mujeres Jueces y su ausencia de conflictos abiertos la vuelven la candidata ideal para una salida negociada. Day no arrastra enemistades, no encarna una ruptura y no representa la continuidad dura de Garay. En otras palabras: es el nombre que permite cerrar la votación sin fracturas y sin vencedores absolutos. Un puente donde todos pueden cruzar sin que ninguno tenga que admitir derrota.
Un mecanismo que favorece la sorpresa
El diseño de la votación añade picante al escenario: dos vueltas con exigencia de 5 votos —algo imposible en este mapa— y una tercera por mayoría simple. Ese es el terreno donde las alternativas crecen, donde las tensiones se licúan y donde un consenso inesperado puede imponerse por necesidad, no por convicción. Por eso nadie descarta que la tercera vuelta sea la decisiva.
Más que una elección: un mensaje
Este martes a las 18, en el Cuarto Piso del Poder Judicial —con Adaro conectado desde Buenos Aires— los siete ministros decidirán el futuro institucional de la Corte. Lo que salga de esa sala no será solo un nombre. Será una señal: continuidad o reforma, liderazgo personal o rotación, cierre o apertura. Por primera vez en muchos años, la Corte no llega ordenada. Llega dividida, tensa y obligada a mirarse al espejo. Y lo que se refleje esta tarde dirá mucho más sobre el poder judicial mendocino que cualquier discurso sobre independencia o modernización.




