De la Arístides al papelón: el primer concejal libertario, al borde de la expulsión
El concejal sanrafaelino Martín Antolín fue detenido manejando borracho por la Arístides, con 1,15 de alcohol en sangre y una copa de vino en la mano. El escándalo desató una reacción fulminante: su propio partido pidió la renuncia, activó su expulsión y dejó expuesto al primer libertario de Mendoza en el peor episodio político del año.
El episodio dura segundos: un BMW descapotable, la Arístides, un control de alcoholemia y una copa de vino en la mano de un concejal. Pero el impacto político de esa escena todavía sigue rebotando en San Rafael, en la capital y en toda la dirigencia libertaria. Martín Antolín, el primer edil del Partido Libertario en la historia de Mendoza, quedó expuesto de la peor manera posible: borracho, arriba de un auto de alta gama, y con el récord indiscutible de 1,15 gramos de alcohol en sangre.
La historia es simple y brutal: el hombre que llegó al Concejo Deliberante montado en la ola mileísta terminó montando un papelón que dejó su banca al borde del abismo y obligó a su propio partido a salir corriendo a despegarse.
El Partido Libertario activó el “modo evacuación”
En un comunicado cargado de solemnidad, el Partido Libertario anunció que inició el proceso de desafiliación del concejal y que le pidió la renuncia inmediata a la banca. No solo eso: lo acusó abiertamente de incumplir los “principios éticos” y la “responsabilidad individual” que dice defender la fuerza.
Traducido del lenguaje políticamente correcto al realpolitik: Antolín se convirtió en un problema y hay que sacarlo ya mismo antes de que salpique a todos.
El PL no titubeó en marcar distancia: “La libertad solo puede existir cuando cada individuo asume las consecuencias de sus actos”. Nada mal para un partido cuyo primer concejal provincial se estrenó manejando borracho por la avenida de los bares.

La vicegobernadora no perdonó: Casado pidió la renuncia
Hebe Casado, que no suele medir el filo de sus posteos, lo sentenció en una línea: “Hay que hacer lo mismo que con el concejal radical”, escribió, recordando el caso Burgoa. Y listo: Antolín quedó en la misma bolsa.
La vicegobernadora, sanrafaelina como el edil, además manda un mensaje interno: la vara ética es la misma para todos, no importa el color. Y de paso deja al justicialismo local mirando para otro lado, sin saber cómo pararse ante un escándalo ajeno pero políticamente jugoso.
El bloque radical también lo entregó
Cambia Mendoza en San Rafael se sumó al linchamiento institucional con un comunicado durísimo: hablaron de “falla ética y moral”, “pérdida de confianza pública” y “deshonra del cargo”. En otras palabras, lo dejaron completamente solo.
Antolín hoy solo puede encontrar consuelo en el silencio del intendente Omar Félix, que prefirió no opinar. Y no porque no tenga qué decir: simplemente no es su muerto, no es su tropa y cualquier palabra puede convertirse en ruido innecesario.
El libertario que nació con Milei y cayó por una copa
El caso expone una ironía política irresistible: el primer concejal libertario de Mendoza no pertenece a La Libertad Avanza, pero llegó gracias a la ola Milei. Era, para muchos, un símbolo de una nueva generación política que prometía romper moldes, achicar el Estado y traer una mirada distinta al debate local.
Con 1,15 gramos de alcohol en sangre, Antolín no solo perdió el control del volante. Perdió, probablemente, su carrera al menos en esta etapa. Y lo peor: se convirtió en el ejemplo perfecto de lo que ninguna fuerza quiere cerca en un año donde la política mendocina está hiperexpuesta, bajo la lupa y sin margen para torpezas.
La banca más corta de la historia
San Rafael lo había elegido con un 19% de los votos. Era un caso único: un partido con meses de vida había logrado meter un edil. Eso duró poco. Hoy Antolín enfrenta una multa millonaria, un proceso de desafiliación, un pedido transversal de renuncia y una condena social que pocas veces se ve tan compacta.
Y así, el libertario que se subió al BMW para disfrutar el feriado terminó protagonizando el escándalo político más innecesario del año. No hizo falta ninguna operación, ninguna interna feroz, ningún enemigo político: él solo manejó directo al precipicio.




