sábado, septiembre 19 2026
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Durante décadas la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo constituyó un baluarte del academicismo humanista. Filósofos, historiadores y pedagogos dictaron clases en sus aulas, dirigieron sus cátedras y caminaron por sus pasillos. Sin embargo, en los últimos años, la política (no la Política con mayúsculas sino la política de la militancia partidocrática, más pequeña en sus fines y medios) ganó terreno, y lo académico fue perdiendo importancia.

De la mano del oficialismo, se crearon áreas de incumbencias cuando menos sospechosas. Así, nació un engendro administrativo llamado Articulación Social (copado, obviamente, por la militancia kirchnerista). Con funciones que se asemejaban demasiado a Extensión Universitaria y a Vinculación, desde esa nueva área se pretendió, entre otras cosas, “establecer redes de formación y de diálogo de saberes con organizaciones sociales e instituciones públicas con perfil socioeducativo de Mendoza, Argentina y Latinoamérica”. Bajo tan pomposo objetivo, y otros similares que lo acompañaban, se realizaron varias actividades, una de las cuales, y la más visible del 2024, sería el “Seminario Marica” en mayo de ese año.

Destinado a “visibilizar el colectivo LGTBIQ+” y ser una respuesta a los “ataques discriminatorios contra la comunidad”, dicho Seminario sirvió de cobertura a diversas actividades: “Taller de Vogue y Cultura Ballroom. La escena kiki y la cultura ballroom desde Mendoza”, “Taller de Poesía Marica ¿O cómo hacer cuerpo un texto? (taller de introducción a la literatura queer)”, “Taller Memoria/s Torcida/s. Una crónica preñada de contingencias. Despliegue de un dispositivo colectivo de escritura somática para cartografiar una memoria viva” y, a modo de cierre, una “Charla- debate. Diversidades/Disidencias en Mendoza. Organización, visibilidad y luchas colectivas”. Con clase de twerking incluida, el espectáculo estaba completo.

Los estudiantes que asistieron a la Facultad en los días que dicho evento se realizó se encontraron con escenas bizarras: personajes de dudosa procedencia bailando a metros de la explanada, en medio de los gritos de los escasos asistentes (los estudiantes pasaban, miraban y se iban, algunos despavoridos). Pero lo mejor estaba por ocurrir: días después, un youtuber de alcance nacional se hizo eco del evento y le dedicó dos informes en sus redes. De esta manera, en todos lados se enteraron de lo que, hasta ese momento, había pasado casi desapercibido, tanto por la indiferencia de los estudiantes como por la nula relevancia académica de lo realizado.

Varios medios nacionales recogieron la noticia y el escándalo estalló. Obviamente, las autoridades de la Facultad negaron todo conocimiento al respecto, acusando públicamente a quien dirigía Articulación Social de no contar con los permisos correspondientes para realizar el evento. Además de ser imposible el desconocimiento al que hacían alusión (la propia página web de la institución lo promocionó y el “desfile” tipo “ballroom” se realizó a metros de la escalinata de entrada, dentro de los límites de la Facultad), la acusada (y removida de su cargo en el área mencionada) mostró en sus redes lo que por entonces solo circulaba en calidad de rumor: la resolución de Decanato, con la firma correspondiente, autorizando el “Seminario Marica”. ¡Más claro, échenle agua!

El daño al prestigio de la Facultad ya estaba hecho. Filosofía y Letras se convirtió en el hazmerreír de la Universidad Nacional de Cuyo y, todavía ahora, las alusiones al seminario de marras se siguen escuchando. Sin embargo, la cuestión no termina aquí, porque la política (la pequeña, la de los acuerdos de poder por el poder mismo) lo sana todo. Lo que en el 2024 llevó al descabezamiento de Articulación Social ya es cosa del pasado. Al parecer, los errores cometidos han sido perdonados, y la funcionaria defenestrada por el escándalo del “Seminario Marica” ha regresado al redil del Oficialismo, pero no en un lugar cualquiera en la lista de consejeros de estos comicios, sino como una de sus cabezas de lista. Es decir, toda una declaración de principios por parte de un Frente que dice tener perfil académico, pero que demuestra en los hechos que, por unos votos más, está dispuesto a rifar lo poco de prestigio que le queda a Filosofía y Letras.

Lo que en el 2024 fue escandaloso, y obligó a la Gestión a bajar los decibeles en una de sus agendas políticas más visibles, la de Género (obligándola a seguir por el mismo camino, pero sin caer en las vulgaridades descriptas más arriba), ahora ya no lo es tanto. ¿Volverán los desfiles “ballroom” y los talleres de poesía de dudoso gusto artístico a la explanada y a las aulas de Filosofía y Letras?