sábado, septiembre 19 2026
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​Kicillof ensaya un parricidio político de manual. Busca refugio en una “liga de gobernadores” para simular poder propio y alejarse del dedo de Cristina Kirchner. ¿Nace un nuevo líder o es solo el último manotazo de ahogado del heredero que ya no quiere serlo?


Axel Kicillof, el exalumno predilecto de Cristina Kirchner, el mismo que nunca movió un pelo sin el aval del Instituto Patria, ahora pretende convencernos de que es un líder autónomo. Según los últimos movimientos que ventila su entorno, el gobernador busca “darle volumen” a un armado propio, intentando poner una distancia prudencial de la sombra de CFK.

​Estamos ante la clásica traición peronista en tiempo real. Cuando la figura de la “Jefa” empieza a oler a naftalina y sus acciones caen en el mercado del poder, los que más se alimentaron de su mano son los primeros en buscar un salvavidas de plomo en las provincias.

​La estrategia de Kicillof es tan previsible como el fracaso de sus proyecciones económicas. La de amontonar gobernadores para simular “volumen federal”. El problema es que ese bloque parece más una reunión de consorcio de un edificio en ruinas que una liga de caudillos con poder real. Intentan armar una estructura que condicione a una Cristina que ya no tiene la chequera de antes, pero que conserva el veneno suficiente para dinamitar cualquier proyecto que no la tenga como centro solar.

liga

Kicillof sueña con ser el “post-kirchnerismo” sin el lastre de La Cámpora. El chiste se cuenta solo cuando vemos que el tipo que gestiona la provincia más deficitaria del país con la misma receta ideológica que nos trajo hasta acá, ahora pretende liderar una ¿renovación?

El ocaso de la Jefa y el miedo del heredero

​En las oficinas de La Plata ya no disimulan el hartazgo. La ruptura de las formas es total. Mientras Kicillof juega al estadista federal, Cristina observa desde el Patria con la fría distancia de quien ve a un peón intentar una jugada propia en un tablero que ella misma inventó. Ella sabe que Axel no tiene territorio propio más allá de la pauta publicitaria y una estructura sindical que lo banca por espanto al ajuste, no por convicción en su liderazgo.

​La realidad es que la coalición está rota y el peronismo huele la sangre. Kicillof busca “vuelo propio”, pero se olvida de que todavía tiene los cables del titiritero colgando de los hombros. Y mientras el gobernador se pierde en armados de escritorio, la provincia de Buenos Aires sigue siendo el laboratorio del fracaso. Pueden cambiar el nombre de la agrupación, pueden pelearse por quién se queda con la caja o pueden inventar “ligas de gobernadores” para la tribuna, pero el ADN es el mismo.

Al final del día, Axel y Cristina son las dos caras de una moneda que la realidad (y la sociedad) ya sacó de circulación.