sábado, septiembre 19 2026
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Sin lugar a dudas ma situación de los precios domésticos ha registrado un punto de giro determinante que el Poder Ejecutivo nacional no tardó en capitalizar como un triunfo de su estrategia de saneamiento monetario. Según el último informe del INDEC, la inflación de abril se ubicó en el 2,6%, quebrando una racha de diez meses sin descensos y marcando el registro más bajo para ese mes desde 2017 (si se exceptúa el año de la pandemia). Este dato sitúa el acumulado del primer cuatrimestre en un 12,3%, permitiendo que el sendero de desaceleración recupere la vitalidad que el mercado financiero aguardaba con cautela.

El esquema de esta caída en el índice de precios al consumidor fue celebrado por el presidente Javier Milei, quien utilizó sus canales oficiales para ratificar el rumbo del programa económico. En un mensaje cargado de contenido político, el mandatario sostuvo que este retorno a la “normalidad” se logró a pesar de lo que calificó como “intentos golpistas de la política” y la resistencia de sectores del círculo rojo, sumado a los impactos de un escenario internacional complejo. Para la Casa Rosada, la cifra del 2,6% no es solo un indicador estadístico, sino la prueba de que la disciplina fiscal y la absorción de excedentes monetarios están logrando domar una cronicidad inflacionaria que parecía inexpugnable.

Este gran proceso de desinflación ha sido apuntalada por el equipo que lidera Luis Caputo, quien subrayó la importancia de haber alcanzado este número en un contexto de reordenamiento de precios relativos. El rastro de la medición interanual, que se posicionó en el 32,4%, refleja todavía el peso de la herencia recibida, pero el dato mensual otorga un alivio real a las expectativas de inversión y al poder adquisitivo de los sectores que perciben ingresos fijos. La puesta en marcha de esta etapa de estabilidad es vista por el mercado como el paso previo necesario para una eventual salida del cepo cambiario y el inicio de una fase de recuperación del consumo interno.

El resultado de abril funciona como un espaldarazo político para una gestión que ha hecho del equilibrio presupuestario su principal bandera. La idea de que la inflación ha retomado un sendero decreciente permite al Gobierno ganar aire en la discusión legislativa y frente a los sectores que reclamaban una flexibilización de las medidas de ajuste. En un país que intenta dejar atrás décadas de descontrol en los precios, el 2,6% se percibe como el primer escalón sólido hacia una estabilidad que el Presidente sintetizó con su habitual arenga de libertad, proyectando un horizonte donde el valor de la moneda deje de ser la principal preocupación de la sociedad.