Nuevas regulaciones: El INAES ajusta la normativa para las cooperativas y mutuales en un frente común con ARCA
El mapa de la economía social y el cooperativismo en la Argentina acaba de recibir un fuerte golpe de timón regulatorio destinado a combatir la informalidad y el uso desvirtuado de estas organizaciones. El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) oficializó una batería de nuevos requisitos y un endurecimiento clave en los controles para la constitución de cooperativas y mutuales. La medida no es un hecho aislado, sino que forma parte de un convenio de complementariedad técnica y cruce de datos con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el organismo que reemplazó a la AFIP, con el objetivo explícito de detectar maniobras de evasión y fraude laboral bajo el paraguas del asociacionismo.
La clave de este torniquete normativo apunta de lleno al corazón administrativo de las nuevas entidades. A partir de ahora, el INAES exigirá una acreditación mucho más rigurosa de la idoneidad y los antecedentes de los miembros fundadores, sumado a la obligación de presentar planes de viabilidad económica que demuestren que la cooperativa o mutual tiene un fin productivo real y sustentable en el tiempo. Con este filtro, las autoridades buscan terminar de raíz con las “cooperativas fantasma” o los sellos de goma que muchas veces se crean con el único propósito de canalizar subsidios estatales o precarizar trabajadores bajo la figura de asociados independientes.
El esquema de fiscalización se vuelve especialmente severo al integrar los sistemas informáticos con el rastro de la ARCA. El nuevo convenio habilita un monitoreo patrimonial cruzado y en tiempo real sobre los flujos de dinero de las entidades y sus directivos, lo que permitirá prender luces de alerta automáticas ante movimientos financieros sospechosos o inconsistencias fiscales graves. Para el ecosistema de las mutuales, la puesta en práctica de estas auditorías representa un freno definitivo a la utilización de estas estructuras como cuevas financieras encubiertas, obligándolas a transparentar el origen y destino de cada uno de sus fondos operativos.
Al final, el endurecimiento de los controles genera visiones encontradas dentro del sector de la economía social. Mientras que las federaciones de cooperativas legítimas ven con buenos ojos que se limpie el padrón para jerarquizar la actividad, los pequeños emprendimientos advierten que la burocracia de los nuevos trámites puede transformarse en un cepo que dificulte el nacimiento de proyectos asociativos genuinos en el interior del país. Con un país abocado a transparentar cada rincón del gasto y de la actividad económica, la ofensiva conjunta del INAES y la ARCA vislumbrará si el cooperativismo logra consolidarse como una herramienta de producción transparente o si queda acorralado por las malas prácticas del pasado.




