En la apertura de sesiones de Luján de Cuyo, el intendente Esteban Allasino intentó consolidar su relato de una “transformación para siempre”, apoyado en una métrica de gestión que parece más diseñada para una consultora que para la realidad de los vecinos de a pie.
Sin embargo, tras el despliegue de asistentes virtuales como “LUJI” y la digitalización de trámites, subyace una preocupante desconexión entre la frialdad de los datos y la temperatura de la calle.
Y es que para los que observan la política con algo de perspicacia, el “modelo Luján” paciera estar mostrando algunas fisuras propias de una gestión que confunde la modernización con el marketing, priorizando la inauguración de plazas de “codiseño” mientras esquiva las discusiones de fondo sobre la presión fiscal y la autonomía real.
La reciente respuesta de Allasino al ministro Luis Caputo, defendiendo la vigencia de las tasas municipales, fue un ejercicio de equilibrismo político que dejó sabor a poco. Mientras el intendente se jacta de una supuesta “simplificación tributaria” iniciada en su etapa como jefe de Gabinete, su resistencia a bajar la carga sobre la actividad económica delata una dependencia de la recaudación que contradice su discurso de austeridad.
Por estas horas, en el país, la transparencia operativa se mide en alivio real para el bolsillo del contribuyente, pero Luján parece haber optado por un camino intermedio, el de un Estado “inteligente” en la superficie, pero que no está dispuesto a soltar la caja que financia su propia burocracia digital.
Esta tendencia a priorizar lo estético por sobre lo estructural se refleja también en el nuevo Código de Convivencia, una normativa de 127 artículos que entrará en vigencia en abril y que prohíbe desde pasacalles hasta ruidos fuera de hora.
Si bien la búsqueda de orden es loable, la sospecha es que Allasino está construyendo un departamento de vidriera, donde la convivencia se regula a base de sanciones y protocolos, mientras la infraestructura básica de las zonas periféricas sigue esperando la misma “energía” que se le dedica a los distritos VIP como Chacras de Coria.
Al final del día, el riesgo para el intendente es que su gestión termine siendo recordada como un eficiente sistema de gestión de reclamos que nunca resolvió los problemas de fondo, demostrando que gobernar para el Excel puede ser muy útil para el currículum, pero muy amargo para la realidad del vecino.




