¿Peronismo o club de amigos?: La purga de Emir Félix que dejó a La Cámpora a la intemperie
El Partido Justicialista de Mendoza ha mutado hacia un escenario de exclusión y pases de factura que amenaza con dinamitar cualquier puente de unidad opositora. El portazo de Emir Félix a la conformación de un interbloque que incluyera a La Cámpora en el Senado provincial no solo desató la furia de Lucas Ilardo, sino que expuso una cronicidad de rencores internos donde la conducción partidaria parece más preocupada por pasar facturas del pasado que por consolidar un frente de resistencia al oficialismo.
La situación del conflicto, ventilada con dureza por Ilardo en los micrófonos de MDZ, describe una “persecución” y un cerrojo institucional. Según el legislador, la operatividad del sanrafaelino al frente del PJ se ha centrado en purgar a los sectores kirchneristas bajo la excusa de las fugas electorales previas, rechazando de cuajo la propuesta del bloque Frente Patria de sumarse al nuevo armado con La Unión Mendocina. Este “camaleonismo” invertido (donde se prefiere achicar el partido para mantener el control) ha dejado a la agrupación que conduce Máximo Kirchner mirando la interna desde la vereda, en un movimiento que muchos interpretan como el certificado de defunción de la convivencia interna.
Según se sabe las acusaciones de Ilardo apuntan a una traición de última hora como un acuerdo que parecía cerrado y que Félix habría dinamitado por teléfono en los minutos finales. Para el sector desplazado, el futuro del peronismo mendocino está atado a la salida de la actual conducción, apostando a que el sucesor de Félix exhiba una “vocación de sumar” que hoy brilla por su ausencia. Mientras tanto, la decisión de cerrar las puertas a La Cámpora no hace más que facilitar la tarea del oficialismo, que observa cómo la principal fuerza de oposición se consume en una rosca de egos y expulsiones que la aleja cada vez más de la realidad de la calle.
Por ahora, esta guerra de guerrillas dentro del justicialismo local mantiene la actividad legislativa en un limbo de desconfianzas. El planteo de Ilardo deja una pregunta incómoda flotando en el aire “¿es posible reconstruir el poder territorial con un partido que prefiere la pureza del fracaso antes que la complejidad de la amplitud?” En el laberinto de Emir Félix, las puertas se cierran con llave y la llave parece haberse perdido en los pasillos de una interna que no ofrece más que un paisaje de cenizas y divisiones.




