sábado, septiembre 19 2026
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La política mendocina ha sumado un nuevo capítulo a su historial de contorsionismo institucional con la conformación del interbloque entre el Partido Justicialista y La Unión Mendocina. Esta alianza, que en los papeles busca ser un contrapeso legislativo al oficialismo, ha puesto bajo el foco la ductilidad doctrinaria de figuras que hoy parecen haber encontrado en el pragmatismo un refugio seguro frente a la intemperie de sus identidades políticas originales.

El despliegue de este nuevo espacio parlamentaria expone una cronicidad de cambios de piel que atenta contra la previsibilidad del electorado. Flavia Manoni, Ariel Pringles y Marcos Quattrini, representantes de la 3° Sección Electoral por La Unión Mendocina, han decidido cruzar el puente hacia una coordinación directa con el peronismo —referenciado en nombres como Adriana Cano o Pedro Serra—, diluyendo los matices que alguna vez pretendieron diferenciar a una fuerza de la otra. Este movimiento plantea un interrogante sobre la viabilidad de los proyectos “terceristas” en la provincia, que parecen terminar siempre bajo el ala de las estructuras tradicionales cuando la aritmética del poder así lo exige.

La operatividad de este interbloque se percibe más como una maniobra de supervivencia que como una confluencia de programas de gobierno. El “camaleonismo” de los legisladores de La Unión Mendocina revela una fragilidad en las convicciones que se adapta con llamativa rapidez a la conveniencia del momento. Al unificar criterios con el PJ, Manoni, Pringles y Quattrini no solo desdibujan la plataforma por la cual fueron electos, sino que confirman que la división entre “lo nuevo” y “lo viejo” es, a menudo, una distinción puramente cosmética en el recinto de sesiones.

Por ahora, el desenlace de esta unión será la medida real de su eficacia para bloquear o negociar con la gestión de Alfredo Cornejo. Sin embargo, el costo de esta metamorfosis política es la creciente desconfianza de una ciudadanía que observa cómo los colores partidarios se mezclan hasta volverse indistinguibles. Mientras los protagonistas del interbloque intentan vender esta alianza como un gesto de responsabilidad, el balance de luces y sombras deja a la vista una realidad menos noble: en la carrera por la relevancia legislativa, los principios suelen ser la primera carga que se abandona para que el camaleón pueda seguir su marcha sin ser detectado.