sábado, septiembre 19 2026
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En una conferencia de prensa en Washington, el hijo del último Sah de Irán aseguró que el colapso del sistema clerical es inevitable y pidió a la comunidad internacional expulsar a los diplomáticos iraníes, mientras el respaldo de la Casa Blanca a los manifestantes escala hacia una posible intervención selectiva.


La crisis en Irán ha alcanzado un punto de ebullición que, para Reza Pahlavi, representa el fin de la era teocrática iniciada en 1979. El ex príncipe heredero, residente en Estados Unidos y figura central de la oposición en el exilio, declaró este viernes 16 de enero de 2026 que la República Islámica “va a caer” ante el empuje de las protestas masivas que sacuden todas las provincias del país desde finales de diciembre.

Pahlavi, cuyo nombre ha sido coreado en las calles de Teherán y otras ciudades, afirmó encontrarse en una posición única para liderar una transición estable, asegurando incluso que sectores del Ejército y de las fuerzas de seguridad le han manifestado su lealtad de manera discreta. En su intervención, el líder opositor instó a las potencias globales a implementar un bloqueo de activos contra los jerarcas religiosos y a ejecutar “intervenciones selectivas” contra la Guardia Revolucionaria (IRGC) para debilitar el aparato represivo sin necesidad de desplegar tropas terrestres.

Este vaticinio de colapso se produce en sintonía con la postura ofensiva de Donald Trump, quien ha cancelado formalmente todo diálogo con los funcionarios iraníes “hasta que cese la matanza sin sentido de manifestantes”. El mandatario estadounidense ha arengado a los “patriotas iraníes” a tomar el control de las instituciones y registrar los nombres de sus represores, advirtiendo que pagarán un alto precio. Bajo el eslogan “MIGA” (Make Iran Great Again),

Trump ha prometido que la ayuda está en camino, mientras impone aranceles del 25% a cualquier país que mantenga vínculos comerciales con el régimen, una medida que busca asfixiar económicamente a Teherán y presionar a aliados como China.

Con un saldo de víctimas que ONG internacionales ya cifran en miles tras la brutal represión del establishment clerical, el 2026 se perfila como el año de un cambio tectónico en el Golfo Pérsico, donde la resistencia interna y la presión de Washington convergen en una estrategia de máxima tensión para forzar la caída del sistema de los ayatolás.