El mercado de las sillas: el Senado y el último refugio de la vieja aritmética
En los pasillos del Senado de la Nación, donde el aire todavía conserva el aroma de los acuerdos de medianoche, se libra por estas horas una batalla por el control de las comisiones que define algo más que simples lugares en una mesa. Se define la velocidad de la cirugía mayor que atraviesa la República. La Libertad Avanza inició una ofensiva para capturar la presidencia de los cuerpos clave, buscando garantizar el flujo legislativo que el Ejecutivo demanda para consolidar el rumbo en este 2026.
Frente a este avance, el peronismo activó su modo de supervivencia, reclamando espacios bajo una lógica de proporcionalidad que, en la práctica, solo busca sostener trincheras de resistencia contra la desregulación del Estado.
La disputa por las comisiones no es una cuestión de cortesía, sino un ejercicio de poder operativo. Victoria Villarruel enfrenta la presión de un bloque opositor que, pese a sus fisuras, se abroquela para no perder el control de áreas estratégicas como Presupuesto o Asuntos Constitucionales.
Para cualquier observador con un mínimo de perspicacia, el reclamo por “respetar la representatividad” es apenas el eufemismo de moda para conservar el poder de veto sobre las auditorías y los pliegos que el país necesita. Mientras el oficialismo intenta imponer una dinámica de eficiencia donde las comisiones funcionen como motores de cambio, la oposición pretende convertirlas en aduanas burocráticas que encarezcan cada trámite legislativo.
En esta Argentina donde la transparencia operativa es el nuevo estándar de legitimidad, el forcejeo en la Cámara Alta desnuda la obsolescencia de reglamentos diseñados para el bloqueo. La estrategia de tejer alianzas con los bloques federales apunta a dejar al peronismo en una posición de minoría ruidosa pero estéril.
El desafío para la presidencia del Senado será doble, y es arrebatarle las lapiceras a quienes durante décadas las usaron para frenar el desarrollo y evitar que el recinto se transforme en un mercado de favores regionales. Al final del día, lo que se discute es si el Senado será el taller de la nueva arquitectura legal del país o si seguirá siendo el depósito donde las reformas mueren bajo el peso de la “rosca” tradicional.




