El fin de la caja de Grabois: topadoras, desalojo y el ocaso de los gerentes de la pobreza
El Gobierno porteño barrió con una de las guaridas de Juan Grabois en Parque Avellaneda. Tras años de vivir de la ajeno bajo el disfraz de la “economía popular”, Jorge Macri recuperó un predio usurpado por el MTE y lanzó una advertencia que es música para los oídos del contribuyente: “Al que usurpa, lo vamos a ir a buscar”.
Se terminó la impunidad del “vale todo” para los amigos de lo ajeno. En un operativo que marca el certificado de defunción para los privilegios de los movimientos sociales en la Ciudad, el Gobierno porteño desalojó el predio de la cooperativa “El Amanecer de los Cartoneros”, el brazo logístico del MTE de Juan Grabois.

Lo que el relato militante vendía como un “espacio de contención”, la realidad denunciaba como una usurpación ilegal y un enclave de desorden. Para Grabois, el predio era otra ficha en su tablero de control territorial; para los vecinos de la zona, era un foco de inseguridad bancado con la venia del Estado anterior. Esta vez, las topadoras hablaron más fuerte que los tuits del dirigente.
Se acabó la intermediación: directo al bolsillo, sin peajes
El golpe no fue solo físico, sino financiero. Jorge Macri no solo sacó a la gente de Grabois del predio, sino que le cortó el chorro a la intermediación. A partir de ahora, la Ciudad bancariza el pago a los cartoneros de manera directa, eliminando a esos “peajistas sociales” que se quedaban con una tajada de la necesidad ajena para financiar actos políticos y viajes a Roma.
“Acá no hay grises, ni confundimos necesidad con impunidad”, disparó el Jefe de Gobierno. Y tiene razón: durante años, Grabois y su tropa confundieron la solidaridad con el derecho a adueñarse de lo que es de todos. En el predio recuperado —como ya pasó en otros operativos donde hasta encontraron spas y centros culturales VIP—, la ley de la selva dejó paso al Código Civil.

El mensaje a los “dueños de la calle”
El operativo en Parque Avellaneda es el desalojo número 551 en lo que va de la gestión. Es la confirmación de que el modelo de “apriete y concesión” está herido de muerte. Grabois, que solía amenazar con “sangre en las calles” cada vez que le tocaban un kiosco, hoy se encuentra con una administración que le responde con el protocolo en la mano y la policía en la puerta.
La propiedad privada dejó de ser una “sugerencia” para convertirse en un límite infranqueable. Mientras Grabois sigue acumulando denuncias por el manejo turbio de fondos fiduciarios y cajas millonarias, la Ciudad le devuelve el espacio público a los porteños. Al final del día, el “Amanecer de los Cartoneros” resultó ser el ocaso de un dirigente que se creía dueño de la calle y terminó descubriendo que, cuando hay decisión política, el que usurpa, paga.



