UNCuyo: Ahora llegó el momento de pagar la militancia de los propios
Los compromisos electorales son cosa seria. Cuando se quiere ganar una elección hay que estar dispuesto a asumir la etapa de la devolución de favores con la mejor cara posible. A veces esos favores se devuelven a ajenos o aliados del momento, a los cuales coyunturalmente se tuvo que recurrir para conseguir el necesario músculo político que toda elección conlleva. Otras veces la devolución de favores se realiza para con los propios (los amigos o “cumpas” que, aunque bancan los trapos, también tienen que comer).
¿En qué consiste la devolución de favores? La mayor parte de las veces consiste, directamente, en la transformación de los puestos públicos en medios de pago para con los militantes que facilitaron el buen resultado electoral. Esto solo se da cuando se gana. El triunfo permite disponer de las estructuras administrativas para que, cuál botín de guerra, se repartan entre la soldadesca.
Obviamente que nada diferente iba a ocurrir en la Universidad Nacional de Cuyo. A pesar de las aclaraciones de la nueva Rectora acerca de que su gestión no tenía signo partidario alguno (aquellos de que se gobierna para todos siempre está presente en los discursos de muchos politicos argentinos), era evidente que esto era difícil que representara verdaderamente lo que la Rectora piensa. Si hay alguien que sabe perfectamente todo lo que le debe al Kirchnerismo es ella.
La militancia k solo se mueve cuando el pulgar levantado de los dirigentes de ese sector indica que hay que movilizarse. Las redes sociales de los referentes kirchneristas en la misma noche de la victoria así lo indican: su festejo era, simplemente, el reflejo de la decisión adoptada. Ante el pedido de apoyo, se apoyó. Claro que la ayuda no se gestionó sin el necesario acuerdo de la devolución de favores.
La Universidad Nacional de Cuyo es hoy un revuelo de rumores y hechos consumados. En varias áreas se escucha que se ha desafectado gente (varios sin militancia radical) para que sus lugares sean ocupados por los de siempre: las agrupaciones deben recibir su paga, si es que se quiere contar con su apoyo en la elección de medio tiempo, dentro de año y medio. Algunos gritos un poco ahogados se escuchan. Los reemplazados no están contentos, pero si no son efectivos y solo son contratados o becarios, el proceso de sustitución es relativamente fácil. Fin de la cuestión.
Claro que se tardó un poco en dar estos necesarios pasos. Había que evitar que las quejas pusieran en evidencia que el discurso rectoral era más un relato que una realidad. Pero así son las cosas. Tarde o temprano esto iba a ocurrir. Era solo cuestión de tiempo.
Las nuevas (o viejas) incorporaciones deberán demostrar que están a la altura de las circunstancias. Claro que esto es totalmente secundario. Aquí lo que vale es el grado de militancia desplegado, no la capacidad ni, mucho menos, los antecedentes laborales. Esto no significa que los que entran no van a trabajar bien. Lo único que queda en evidencia es que no se merecen lo que ganaron.
Al final de todo, siempre la misma historia…




