Carta Abierta a la nueva Rectora de la Universidad Nacional de Cuyo
Frente al triunfo electoral que le posibilitó a Adriana García alcanzar la conducción de la Universidad Nacional de Cuyo, no queda más que analizar las razones que provocaron que semejante hecho se produjera, y hacer un llamamiento a la racionalidad, que espero sea debidamente atendido por las nuevas autoridades rectorales.
Como desde estas páginas afirmamos, muchas de las causas de la victoria de Adriana García se encuentran en la mediocre gestión de Esther Sánchez y Gabriel Fidel, continuadores de Daniel Pizzi, evaluación que se puede resumir de manera contundente: “Doce años de gestión radical al frente del Rectorado han dejado a la Universidad en el limbo del desarrollo académico”. La influencia negativa de Cornejo seguramente también ha pesado. Ser el referente del gobernador en la Universidad terminó por ser un lastre que arrastró con su propio peso a la figura de Fidel, ya bastante criticada por su falta de perfil académico.
Toda Gestión que se inicia, y mucho más en la Universidad Nacional de Cuyo, institución con la que uno se siente profundamente identificado, conlleva, como todo cambio, cierto grado de esperanza. Sin embargo, en este caso es lo que justamente no ocurrió. Las redes sociales y las calles internas de la Ciudad Universitaria se llenaron de los gritos de la militancia, que “de la mano de Néstor y Cristina” expresaron públicamente su filiación política. El mensaje del Kirchnerismo fue claro y contundente: “Recuperamos la Universidad” y “Hemos vuelto”. El optimismo campeaba por doquier. Entre los comentarios uno se podía encontrar con algunas frases bizarras, pero que reflejaban con claridad lo que los militantes que trabajaron la campaña de Adriana García piensan: conquistar la conducción de la Universidad Nacional de Cuyo es el primer paso para la conquista del poder político de Mendoza. Ellos dicen que volvieron, y no parece ser un eufemismo.
Aquí se presenta como necesario solicitarle algo a quien ganó las elecciones, a la persona que va a dirigir los destinos de la Universidad en los siguientes años. Lic. Esp. Adriana García: Todos aquellos que recorremos con frecuencia los pasillos de las Facultades que forman parte de la UNCuyo sabemos que, para llegar al poder, debió acordar. Usted no acordó con sectores independientes, sin pertenencia partidaria.
Eso puede decírselo a los canales de televisión o a las radios vernáculas: usted acordó con el Kirchnerismo duro y puro. Primero, con el grupo de Ana Sisti, que desde la Facultad de Educación llevó adelante una gestión con un Decanato en la que cumplió con todas las premisas ideológicas del progresismo kirchnerista. Segundo, con las agrupaciones estudiantiles y de egresados que en su momento se encolumnaron detrás de la candidatura de Ozollo. Éstos adhieren en su totalidad a los tópicos habituales de la progresía k. Son los que no llevan los pañuelos verdes de adorno, sino como un símbolo de transformación, de cambio, de ruptura.
Aunque con las taras pequeñoburguesas de pertenecer a un entramado político que ejerció el poder durante casi dos décadas a nivel nacional, con la corrupción como signo visible y harto conocido de una manera de gestionar en la cual el “vuelto” y el “negociado” son parte del mismo juego, estos militantes se sienten llamados a una tarea revolucionaria: la de convertir a la Universidad Nacional de Cuyo en una universidad para todos, todas y todes, de puertas abiertas, sin importar el desmoronamiento del nivel académico, con la diversidad multicolor como bandera, con la militancia verde abortista como avanzada.
Como siempre, su discurso sigue siendo moderado. Veremos por cuánto tiempo. Ignoramos si, ideológicamente, usted adhiere a la totalidad de las premisas ideológicas de un proyecto político como el kirchnerista, hacia el cual en Mendoza el electorado lleva años dando muestras evidentes de rechazo. Sospechamos que existen puntos en común con esa militancia. Pero si nos atenemos al discurso, y actuamos como si ignoráramos absolutamente todo de la política universitaria de los últimos años, la opción de darle una oportunidad de revertir esa imagen está abierta.
Para hacerlo debe hacer varias cosas: en primera instancia, debe protagonizar una gestión proactiva que supere la mediocridad reinante. Debe administrar eficazmente la Universidad y debe entender, por sobre todo, la dimensión sapiencial de la institución que va a gobernar. ¿Quiere que la Universidad Nacional de Cuyo vuelva a ser lo que alguna vez fue, en términos académicos y estratégicos? Refuerce todos aquellos aspectos que tienen estrecha relación con el nivel académico, el estudio y el saber. Restaure el prestigio perdido. No dibuje números, asúmalos. No utilice anteojeras ideológicas para gobernar: sea realista (lo que no quiere decir maquiavélica).
Ya que, públicamente, ha expresado opiniones que moderan las ideas de sus aliados (si tomamos, por ejemplo, aquello de que es una referente de la Doctrina Social de la Iglesia), compartirá este vital pedido: MINIMICE LA AGENDA IDEOLÓGICA (honestamente, prefiero que la elimine). No solo no es prioritaria, sino que es perjudicial para los intereses universitarios. En el plano más administrativo, la obligará a desviar recursos en beneficio de agendas que son un agujero negro del despilfarro financiero. En el plano de lo académico, suponen una desarticulación del saber universitario, en aras de temáticas en las cuales gana terreno la vulgaridad y pierde importancia el prestigio que alguna vez supimos conseguir. En lo que se refiere a lo político, implica una preeminencia de los partidos que es nociva para lo estrictamente académico.
Desarticular esos intereses es ambicioso: ¡Sea ambiciosa! Rodéese de los que más saben y, también, de los pragmáticos (pero no les dé la conducción a los segundos). Cédale espacio a los sectores más moderados del peronismo universitario (algo se ha escuchado al respecto), pero sólo el estrictamente necesario. Minimizada la agenda ideológica, deberán ponerse a trabajar en lo administrativo, y demostrar que pueden hacerlo. Convoque a todos aquellos que aman la Universidad (pero en esto tenga cuidado, no todos los que dicen amarla son sinceros en sus afirmaciones…)
Exprese de manera pública el apartidismo que usted dice que la caracteriza, pero con gestos: no le otorgue honoris causas a cuanto figurón ideológico cercano al Kirchnerismo anda dando vueltas por ahí. No caiga en los reclamos partidarios de esta gente: Cristina está presa por delitos de corrupción, no es una presa política. Que su gestión no pida su libertad, ni se alinee políticamente con tal o cual opción electoral ya sea a nivel nacional como provincial. Usted tiene que gobernarnos a todos, incluso a los que no la votamos. Esperamos que, de seguir estas sugerencias, una esperanza queda en pie para nuestra amada Universidad.
Que el “In espiritus remigio vita” vuelva a ser el Norte del deber ser universitario: ¡Con solo intentarlo, demostrará que su lealtad es con la Universidad y no con los intereses partidarios de una línea ideológica que quiere usar la institución académica en su propio provecho!




