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Este 17 de julio se cumplen 183 años del nacimiento de Julio Argentino Roca, una de las figuras centrales y más discutidas de la historia argentina. Alejo Julio Argentino Roca nació el 17 de julio de 1843 en San Miguel de Tucumán, fue el tercero de 9 hijos y ejerció dos veces la presidencia de la República Argentina. Su figura volvió a instalarse en el centro del debate público desde que el Gobierno de Javier Milei lo convirtió en uno de los emblemas de su relato histórico.

Roca gobernó el país entre 1880 y 1886, y nuevamente entre 1898 y 1904, con un total de doce años al frente del Ejecutivo, el mandatario con más tiempo en el poder de la historia argentina bajo el sistema constitucional previo a las reformas del siglo XX. Antes de llegar a la primera magistratura, condujo la Campaña del Desierto, la ofensiva militar que entre 1878 y 1885 desplazó a las comunidades pampa, ranquel, mapuche y tehuelche e incorporó al control efectivo del Estado nacional una vasta porción de la Patagonia.

Un símbolo reivindicado desde el primer día de gestión

Milei incorporó a Roca a su relato político desde su discurso de asunción, el 10 de diciembre de 2023, cuando citó al expresidente para anticipar las dificultades del ajuste que emprendería su gestión. Meses después, el mandatario libertario avanzó en la misma línea al reivindicar públicamente la figura de Roca como “padre de la Argentina moderna”, en el marco de un giro discursivo que el Gobierno viene sosteniendo respecto de la Generación del 80 y su proyecto de construcción estatal.

Ese posicionamiento no es aislado. La Casa Rosada derogó, poco después de asumir, la resolución que desde 2015 conmemoraba la Campaña del Desierto con un enfoque crítico hacia sus consecuencias sobre los pueblos originarios. En abril pasado, además, un posteo oficial del Gobierno calificó la campaña como una gesta histórica.

El debate historiográfico de fondo

La figura de Roca concentra una de las discusiones más persistentes de la historiografía argentina. Para la lectura oficialista (heredera en parte de la “historia mitrista”) fue el artífice de la consolidación territorial y de la centralización administrativa del Estado, con hitos como la federalización de Buenos Aires y la unificación monetaria. Para la lectura crítica, en cambio, la Campaña del Desierto constituyó una operación de despojo territorial en beneficio de la naciente oligarquía terrateniente, con un costo significativo para las comunidades originarias desplazadas.

Este contrapunto no es nuevo, pero adquirió relevancia renovada bajo la actual gestión, que además colocó en 2024 un busto de Carlos Menem en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada, en un gesto que el propio Milei describió como un acto de reconocimiento a un liderazgo político previo. La reivindicación de Roca se inscribe en esa misma estrategia de resignificación de figuras históricas asociadas al orden, la centralización estatal y el modelo agroexportador liberal.

Un debate que no se agota en lo simbólico

Más allá de la disputa historiográfica, la vigencia de Roca en la agenda política actual expone una tensión de fondo: qué versión del pasado nacional elige narrar cada gestión de gobierno para legitimar su proyecto presente. En el caso de La Libertad Avanza, la valorización de la Generación del 80 con su énfasis en el orden institucional, la apertura económica y la consolidación de las fronteras nacionales, funciona como respaldo histórico de un relato que reivindica el liberalismo clásico como matriz fundacional del país.

La efeméride de este 17 de julio, sin figurar entre las conmemoraciones oficiales de mayor despliegue, vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede lo académico y que seguirá atravesando la disputa por los sentidos de la historia argentina en los próximos años.