sábado, septiembre 19 2026
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El riesgo país argentino tocó los 408 puntos, su nivel más bajo en ocho años y el mínimo de toda la gestión de Javier Milei. La cifra llega horas después de que el Ministerio de Economía presentara este lunes el programa financiero 2026-2027, el esquema con el que el equipo de Luis Caputo planea cubrir los vencimientos de deuda en moneda extranjera hasta el final del mandato.

El anuncio estuvo a cargo del propio Caputo, junto al viceministro José Luis Daza y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. El mensaje central fue claro: la Argentina va a seguir honrando todas sus obligaciones, pero sin aumentar el endeudamiento neto. La nueva deuda se emite exclusivamente para refinanciar capital heredado, mientras que los intereses se pagan con superávit fiscal.

Un año de compromisos exigentes

Según la consultora 1816, los vencimientos en moneda extranjera entre junio de 2026 y diciembre de 2027 suman USD 30.700 millones. De ese total, todavía resta cubrir unos USD 7.400 millones en lo que queda de este año: USD 3.900 millones corresponden a Globales y Bonares en manos de privados, USD 2.000 millones al FMI, USD 200 millones al Club de París y USD 1.400 millones a operaciones de pase con el Banco Central.

Para 2027, el peso mayor recae sobre los bonos soberanos en manos privadas, con cerca de USD 10.000 millones, a los que se suman entre USD 5.900 y USD 6.500 millones de pagos al FMI, USD 300 millones al Club de París y compromisos vinculados al BOPREAL.

El Tesoro ya reunió, al 1 de julio, USD 3.904 millones mediante licitaciones de Bonares y compras recientes, recursos que quedaron depositados en el Banco Central. Ese colchón enfrenta su primera prueba concreta este miércoles, cuando el Estado debe desembolsar USD 4.360 millones a bonistas privados por capital e intereses de Globales y Bonares.

Menos deuda nueva, más garantías internacionales

Pese a que los niveles actuales de riesgo país habilitarían técnicamente un regreso al mercado internacional a tasas de un dígito, el equipo económico decidió no dar ese paso por ahora. Furiase explicó que el programa fue diseñado con opcionalidad: existen fuentes de financiamiento alternativas que podrían usarse si las condiciones lo justifican, pero no están contempladas como necesarias en el esquema actual.

En ese marco, el Gobierno consiguió garantías internacionales del Banco Mundial y el BID, y espera la aprobación de una tercera por parte del CAF el 22 de julio, lo que permitiría acceder a financiamiento privado a seis años por casi USD 4.000 millones. Además, el Banco Central canceló la totalidad de sus operaciones de pase pasivo por USD 6.000 millones y acordó una nueva operación por el mismo monto con diez bancos internacionales, con vencimiento en septiembre de 2028.

Por qué bajó el riesgo país?

La mejora en la calificación crediticia explica buena parte de la caída del indicador. En mayo, Fitch Ratings elevó la nota de Argentina de CCC+ a B-, y un mes después S&P Global Ratings hizo lo mismo. Ese cambio amplió el universo de inversores institucionales habilitados para incorporar deuda argentina a sus carteras.

Esa ventana ya fue aprovechada por el sector privado: desde las elecciones legislativas, empresas y provincias argentinas emitieron USD 11.900 millones en el exterior, a un costo incluso menor al que accedería hoy el Tesoro nacional.

El objetivo de fondo: el investment grade

Todo el programa converge en una meta estratégica que el equipo económico repite desde hace meses: que la Argentina alcance el investment grade al final del mandato. Se trata de una calificación que reduce el riesgo crediticio percibido y permite financiarse a tasas más bajas, algo inédito para un país con una historia reciente de defaults y reestructuraciones.

El argumento oficial no se agota en lo financiero. Según el Ministerio de Economía, alcanzar esa calificación tendría un correlato directo en la vida cotidiana: más crédito de largo plazo para familias y empresas, mayor desarrollo del mercado de capitales y más inversión y empleo privado.

El desafío, de cara a 2027 —año en el que Milei buscará la reelección—, será sostener esta trayectoria sin resignar el ancla fiscal que sostiene toda la estrategia.