UPL Mendoza es La Libertad Avanza: con la firmeza de Santiago Viola y Rocío Gómez, la sigla quedó en manos de quienes la construyeron
La Junta Electoral General de la UNCuyo resolvió lo que en los pasillos ya se daba por descontado. Dio de baja la lista que pretendía competir en Ciencias Económicas usando la sigla UPL sin pertenecer a la estructura y la inhabilitó de manera permanente. Detrás del armado, la coordinación provincial de la diputada Cecilia Soler y un trabajo de base que ningún atajo pudo copiar.
En política, los nombres se defienden. Y la sigla también. Eso quedó claro esta semana en la Universidad Nacional de Cuyo, donde la Junta Electoral General resolvió lo que para cualquiera con sentido común ya era una obviedad: UPL —Universitarios por la Libertad— tiene dueños, y no son los que andaban colgándose del cartel.
La Junta Electoral General firmó esta semana la Resolución 25/2026 y con ella terminó de despejar una discusión que venía enrareciendo la previa electoral en Ciencias Económicas. Una lista se había anotado bajo la sigla UPL sin formar parte de la agrupación. La conducción legítima reclamó, la Junta escuchó y el resultado fue tajante: la oficialización quedó revocada, los candidatos excluidos y la denominación, blindada.
El planteo lo presentó Rocío Gómez, coordinadora nacional de Universitarios por la Libertad, y la Junta le dio la razón en lo sustancial. Pero el fallo fue mucho más allá de aceptar un reclamo. Inhabilitó de forma permanente a la lista que encabezaban María de los Ángeles Gatica y Nicolás Deblasi, prohibió a sus integrantes volver a usar el nombre, la sigla o cualquier color o símbolo asociado a La Libertad Avanza, y ordenó retirar de inmediato toda la cartelería que circulaba dentro de la facultad. No fue un apercibimiento. Fue una expulsión.

El argumento de fondo de la Junta no se queda en la chicana electoral. Sostiene que la identidad de las agrupaciones políticas integra los derechos humanos, y que dejar competir a un grupo que se cuelga de una sigla ajena habría inducido al error a todos los que firmaron avales convencidos de estar apoyando a otra cosa. En una elección, advierte la resolución, ese error ya no se arregla: el proceso no vuelve atrás.
Conviene decirlo sin eufemismos. Lo de Gatica y Deblasi tuvo el inconfundible perfume del Equipo Rocket: aparecer disfrazados con el nombre del que sí trabaja, montar el operativo para confundir y prometer que esta vez el plan iba a funcionar. Como en el dibujo, no funcionó. La Junta los mandó de vuelta por los aires de un plumazo, y la moraleja quedó intacta: robar una marca es sencillo, sostenerla es otra cosa.
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El que las hace, las paga
Pero perder con elegancia no estaba entre las opciones. Ante el bochornoso resultado, el dúo no encontró mejor jugada que grabar a escondidas al secretario de la Junta en el momento en que les notificaba la decisión. Con el celular oculto y un repentino despliegue de jurisprudencia aprendida a las apuradas en ChatGPT, intentaron convertir una derrota administrativa en un escándalo de utilería. La escena, más que indignación, generó otra cosa en el campus: risas. Porque una cosa es discutir un fallo y otra muy distinta es filmar al funcionario que te lo lee, como si la cámara escondida pudiera revertir lo que ya está firmado.
Un nuevo capítulo
Y como buen Equipo Rocket, la derrota no significó retirada sino reagrupamiento. Lejos de aceptar el revés, ya prepararon el plan B. Tras fracasar en la usurpación y el armado de UPL, presentaron una nueva lista ante la Junta Electoral del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, esta vez bajo el nombre UPL-AILU. La maniobra, comentan los propios estudiantes, no es ingenua: sería un salvavidas para resucitar a la agrupación dada de baja sin tener que cumplir con los pasos previos, justamente porque no juntarian los avales necesarios para presentarse en regla. En los pasillos ya circula el chiste obligado: el Equipo Rocket vuelve, otra vez, con un nuevo plan.
Un pasado trágico
Tampoco es la primera vez que intentan quedarse con las ideas de la libertad sin haberlas trabajado. El antecedente es elocuente. En la elección gremial estudiantil del año pasado en la misma facultad, esta gente alcanzó un récord difícil de igualar: salieron últimos enarbolando las ideas de Javier Milei, con un sello que —como confirmaron después tanto la Junta como la coordinación nacional— nunca les perteneció. Aquel batacazo al revés les dejó un mote tan curioso como descriptivo en la jerga del campus: los marras de la FCE. La traducción es sencilla. Quisieron pegarse a una imagen nacional creyendo que la marca alcanzaba, y subestimaron al electorado. El electorado les contestó.
Construcción contra atajo
Frente a todo ese ruido, el espacio que coordina la diputada Cecilia Soler eligió el camino largo, que suele ser el único que llega. Su gestión al frente de UPL en Mendoza no se explica por un golpe de efecto sino por algo bastante menos vistoso y mucho más eficaz: acuerdos, militancia y presencia donde hay que estar.
Bajo esa coordinación, Universitarios por la Libertad tejió alianzas con las agrupaciones estudiantiles de derecha del ámbito universitario —Aefyl, Kairos y UPAU—, presentó listas en más de cuatro unidades académicas y busca una representación firme en el Parlamento de la Federación Universitaria. Ese es el dato que ninguna lista trucha podía falsificar: la sigla resistió porque atrás había una construcción real, no un cartel.
El cierre de la operación lo aportaron dos firmas. La de Santiago Viola, apoderado nacional de La Libertad Avanza, cuya acta de designación acreditó ante la Junta la personería de Rociío Gómez y dejó en evidencia que la otra lista era, lisa y llanamente, un grupo ajeno a la estructura. Y la de la propia Gómez, que presentó el reclamo en tiempo y forma y no se movió del libreto. Sin épica de cartón, sin show: papeles en regla y conducción reconocida. En política universitaria, casi siempre, eso alcanza.
El 9 de junio los estudiantes de Ciencias Económicas votarán sin la confusión que alguien intentó instalar. UPL llega a esa fecha con la sigla a salvo, la conducción ratificada y la copia fuera de carrera. La elección todavía no se jugó, pero el primer round ya tiene ganador.
Del Equipo Rocket, por ahora, solo queda el ruido del despegue.





