sábado, septiembre 19 2026
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El panorama de la producción manufacturera nacional ha comenzado a mostrar señales de una reactivación particular alcanzando en marzo una utilización de la capacidad instalada del 59,8%. Este registro no solo representa el nivel más elevado de los últimos cinco meses, sino que logra superar la vara del mismo período del año anterior. El repunte se apoya en una estructura de sectores dinámicos vinculados a la energía y los insumos básicos, que han logrado compensar la cronicidad del estancamiento en los rubros volcados al consumo doméstico y los bienes de capital.

El esquema de esta recuperación se apoya en tres pilares fundamentales: la refinación de petróleo, que opera con una intensidad del 86,0%, la siderurgia y la industria química. Estos sectores, junto con la producción de papel y cartón, han traccionado el promedio general hacia arriba, aprovechando la operatividad de los corredores energéticos y la demanda de insumos intermedios. No obstante, el rastro de la reactivación es desigual; mientras que las industrias metálicas básicas funcionan al 73,3%, la fabricación de maquinaria agropecuaria ha sufrido un retroceso interanual del 14,7%, reflejando que la inversión en equipo pesado todavía aguarda señales de mayor estabilidad para retomar su ritmo.

La contracara de este proceso se observa en los rubros que permanecen por debajo del promedio y que exponen las dificultades de la demanda interna. La industria automotriz, con una utilización de apenas el 49,6%, y los sectores textil y metalmecánico, que oscilan en torno al 40,0%, muestran los signos más evidentes de fatiga. En particular, la baja del 16,2% en la fabricación de aparatos de uso doméstico confirma que el mercado de consumo masivo enfrenta todavía un horizonte de cautela. Esta dualidad entre una industria extractiva y de base a pleno frente a una manufactura final que no despega plantea un desafío para la viabilidad de una recuperación que alcance a todos los eslabones productivos.

Al final del día, el salto al 59,8% de uso de capacidad instalada es un indicador alentador que sugiere que el piso de la actividad ha quedado atrás. El fortalecimiento de la refinación y la química permite proyectar un sostén para la macroeconomía, aunque el éxito definitivo del modelo dependerá de que los sectores más golpeados, como la metalmecánica y el plástico, logren acoplarse a esta tendencia ascendente. En una nueva Argentina que busca ordenar sus variables, el ruido de las máquinas volviendo a encenderse en los grandes centros industriales es la primera prueba de que el engranaje productivo comienza a girar con una renovada, aunque todavía heterogénea, intensidad.