sábado, septiembre 19 2026
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Finalmente, estamos llegando a la fecha límite de la presentación de fórmulas para las elecciones de Rector y Vicerrector. Con unos 60 mil electores pertenecientes a cuatro claustros (docentes, personal de apoyo, graduados y estudiantes), la Universidad Nacional de Cuyo constituye un distrito electoral que, en número de votantes, es incluso superior a varios departamentos mendocinos.

Frente a estos datos, es evidente que los armados políticos de los partidos tradicionales no pueden desentenderse de semejante escenario. La Universidad, por sus características específicas, es una usina de ideas más que interesante, además de servir de campo de experiencia para la futura dirigencia política provincial: en sus pasillos se forjan, para bien o para mal, no pocos de los líderes mendocinos que en algunos años serán legisladores, intendentes o gobernadores.

El Peronismo, que ya lleva demasiado tiempo como fuerza política opositora, no se siente cómodo en ese rol. Acostumbrado a las mieles del poder, lo que siempre ha aprovechado para formar cuadros propios, copar estructuras académicas e imponer agendas ideológicas propias, su prolongada permanencia en el llano no le gusta ni está dispuesto a soportarla mucho tiempo más. Hace apenas 4 años la fórmula de Compromiso Universitario, Adriana García – Arturo Tascheret, perdió por muy poco ante el oficialismo radical de Esther Sánchez – Gabriel Fidel. Y perder varias veces seguidas no va con el ADN del Peronismo universitario.

Un aporte, antes de dar más precisiones sobre el actual armado político peronista. Cuando hablamos de Peronismo universitario no nos debemos engañar: es, lisa y llanamente, Kirchnerismo. Claro que en sus filas hay variedad de posiciones ideológicas, que van desde la moderación cuetista hasta la verborragia verde militante de la Cámpora y otras “orgas” universitarias. Pero la agenda común, más allá de los posicionamientos individuales, que se mantienen muchas veces en el ámbito de las opiniones privadas y personales, es atravesada por todos los carácteres propios de la nefasta “década ganada”: ideología de género, setentismo por doquier, horizontalismo populista, militancia abortista, y un larguísimo etcétera. Ósea, lisa y llanamente: Kirchnerismo.

Es por eso que los diferentes armados internos cumplen con esta premisa: los nombres cambian, las diferencias de criterio generan liderazgos contrapuestos, las divisiones parecen ser la norma (hasta que, en algún momento, todos se reconcilian… ¡y aquí no pasó nada!) pero a la hora de los bifes las agendas son similares (en lo venenoso). Una de las fórmulas “peronistas”, bajo el sello de Encuentro Plural, que parece liderar las mediciones es la de Adriana García – Ana Sisti. La primera fue Decana de Filosofía y Letras (además de ser, todavía, pareja del otrora “patrón de estancia” de esa Facultad, Omar Adolfo Cueto) y Secretaria Académica del radical Pizzi (parece que los perucas le han perdonado semejante desliz), mientras que Sisti es la actual Decana de la Facultad de Educación.

Mientras García parece cercana a la moderación cuetista de la cual procede (parece, porque en Filosofía y Letras se sabe que la agenda de género tiene buena parte de su impronta personal), Sisti es la que garantiza el sello de calidad del ideologismo K. Es público y conocido que Educación es una unidad académica atravesada por todas las agendas arriba mencionadas. Las otras fórmulas “peronistas” también cumplen, a su manera, con la corrección política propia de las dos décadas kirchneristas: Javier Ozollo, del riñón de Artes y Diseño, se encuentra acompañado por Fernanda Bernabé, con origen en Ciencias Políticas, alguna vez (como García) funcionaria de la gestión de Pizzi, ahora Decana de la Facultad de Ciencias Empresariales y Gestión Pública de la Universidad Champagnat (curioso cargo para una futura defensora de la Universidad Pública) y con una reconocida militancia en Libres del Sur. Sus posicionamientos ideológicos son bien conocidos, desde su público apoyo a la legalización del aborto allá por el 2018. El que no sabemos a qué juega es Juan Carlos Aguiló, cuyo nombre se viene escuchando desde hace un tiempo: el ex Decano de Ciencias Políticas es el único kirchnerista puro que ha lanzado su nombre a ver si alguien pica y lo apoya.

Vaya uno a saber en que terminará esta fiesta, pero en apenas dos días las indefiniciones deberán tener punto final. Enfrente está un radicalismo dividido en dos facciones (veremos si llegan unidos o separados al 9 de junio), mientras los peronistas juegan a diferenciarse entre sí, aunque todos saben que, en algún momento, deberán juntarse, medir fuerzas y definir quien liderará el espacio. Mientras tanto, las agrupaciones estudiantiles peronistas esperan: saben que, más allá de los nombres, si alguna de las fórmulas en danza gana, la agenda ideológica está a salvo… ¡claro que lo que no está a salvo es la Universidad!