sábado, septiembre 19 2026
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La construcción del andamiaje institucional del primer peronismo no puede entenderse sin la integración sistémica de cuadros técnicos y operativos provenientes del colapso del Tercer Reich, configurando una red de inteligencia y logística que trascendió la mera hospitalidad diplomática. Esta estructura de poder encontró su centro operativo en figuras como Rodolfo “Rudi” Freude, quien desde su cargo como secretario personal de Juan Domingo Perón y jefe de la Dirección de Informaciones, actuó como el engranaje principal para la inserción de fugitivos europeos en el Estado nacional. Hijo del empresario alemán Ludwig Freude, vinculado estrechamente al espionaje nazi, Rudi fue el arquitecto detrás de la llegada masiva de colaboracionistas, utilizando los recursos de la presidencia para asegurar que Argentina se transformara en el refugio predilecto de la jerarquía desplazada. A este diseño se sumó la operatividad de Carlos “Horst” Fuldner, un capitán de las SS que se integró orgánicamente al Servicio de Informaciones de la Presidencia de la Nación tras haber coordinado desde Europa, específicamente en Italia y España, el traslado de criminales de guerra y agentes de inteligencia hacia el puerto de Buenos Aires.

La presencia de elementos del nacionalsocialismo en el entorno de Perón no fue un fenómeno exclusivo de la posguerra inmediata, sino que se proyectó incluso en su retorno al poder en la década del setenta, evidenciando una matriz ideológica persistente en ciertos sectores del movimiento. La designación de Alberto Ottalagano como asesor presidencial en mil novecientos setenta y tres es el testimonio gráfico de este vínculo, consolidado por su pasado en la Alianza Libertadora Nacionalista y su rol como rector interventor de la Universidad de Buenos Aires en 1974. Ottalagano, quien no dudaba en realizar el saludo nazi en portadas de revistas de gran tirada como “Siete Días“, impuso una gestión de ingreso restrictivo y cupos universitarios bajo una doctrina que él mismo definía como la constitución viril de la catolicidad y el fascismo. Durante su paso por la UBA, se rodeó de asesores de la talla de Jacques de Mahieu, un antropólogo de ideología nazi refugiado en Argentina tras colaborar con el régimen de Vichy, quien actuó como mentor de grupos juveniles nacionalistas y jefe de filiales neonazis.

El tejido nazi en la génesis del poder peronista: Otto Skorzeny, el "hombre más peligroso de Europa"
Otto Skorzeny, el “hombre más peligroso de Europa”

El despliegue de esta red se completó con la influencia de Otto Skorzeny, el “hombre más peligroso de Europa“, quien actuó como asesor técnico y enlace comercial, moviéndose con total libertad en los pasillos de la Casa Rosada. La resolución de este conflicto histórico entre la retórica de la justicia social y la praxis de protección a criminales de guerra revela una ingeniería política orientada a la captura de capital técnico y militar sin cuestionamientos morales. Mientras Ottalagano reivindicaba públicamente a Adolf Hitler y declaraba que el justicialismo no se concebía sin la experiencia fascista, la administración estatal garantizaba la invisibilidad de los activos nazis en las estructuras de inteligencia. Este legado de impunidad y afinidad doctrinaria constituye un capítulo ineludible para comprender la verdadera naturaleza del peronismo original, donde la mística de la soberanía nacional se financió y organizó bajo el asesoramiento directo de quienes habían ejecutado la mayor tragedia del siglo veinte. Por ahora, los registros patrimoniales y los expedientes de inteligencia siguen confirmando que la relación no fue accidental, sino una decisión estratégica de un líder que veía en el orden fascista la brújula para conducir los destinos del país.