sábado, septiembre 19 2026
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El radicalismo mendocino ha decidido que la mejor forma de ocultar las grietas es amontonarse para una foto. En un encuentro que presuntamente buscaba “cerrar filas“, los principales referentes de la UCR se congregaron en la Legislatura con la urgencia de quien necesita convencerse de su propia fortaleza. Detrás de las sonrisas de rigor y los discursos sobre la cohesión, lo que se percibe es una ingeniería de contención ante un clima interno que, lejos de ser idílico, está marcado por las tensiones que genera la verticalidad del modelo cornejista y el avance de sectores que ya no se conforman con las migas del poder.

La escenografía del cónclave destaca por su obviedad: mostrar un bloque monolítico justo cuando el peronismo se desangra en purgas digitales y la gestión provincial enfrenta frentes abiertos con la justicia y el gremialismo. Hay un marcado énfasis en que “Mendoza es diferente“, pero el rumor en los pasillos legislativos sugiere que esta unidad es, en realidad, un hito de supervivencia técnica. La determinación de mostrarse juntos responde más al pánico de que la grieta nacional termine de filtrar el barniz de institucionalidad mendocina que a una sintonía real de proyectos. Se menciona que cualquier fisura en la Legislatura sería interpretada como una “idiotez técnica” imperdonable para un partido que hace del control territorial su religión.

Desde la perspectiva del funcionamiento del Estado, esta reunión de “pueblo radical” presuntamente busca blindar las reformas que el Ejecutivo tiene en carpeta y que no admiten fisuras en el quórum. Mientras las operadoras del partido se encargan de difundir el mensaje de paz social, los observadores más agudos notan que la viabilidad de este pacto de no agresión es tan frágil como las lealtades en año de recambio. No es ningún secreto que, debajo de la superficie de esta “gran familia“, la pulseada por las candidaturas de 2027 y el manejo de las cajas municipales sigue siendo el estándar de normalidad democrática de una dirigencia que no regala ni un centímetro.

Defender la unidad a fuerza de comunicados oficiales es una batalla necesaria por la verdad que el radicalismo libra contra sus propios fantasmas. La resolución de este encuentro definirá si la UCR logra mantener el orden en la tropa o si esta foto termina siendo el último registro de una tregua antes de que las ambiciones personales dinamiten el esquema. Por ahora, el mensaje es de una suspicacia absoluta: en el oficialismo mendocino, cuando se habla tanto de unidad, es porque el ruido de los platos rotos ya se está escuchando en la vereda. La foto está lograda, pero el revelado presuntamente muestra sombras que ningún filtro de prensa puede ocultar.