Entre parches y desbordes: el colapso cloacal pone en jaque al corazón productivo de Guaymallén y Lavalle
La paciencia de los vecinos de Los Corralitos se agotó. En la intersección de 2 de Mayo y Severo del Castillo, la comunidad salió a la calle para denunciar una realidad que el municipio intenta maquillar con “bypass” y desvíos provisorios, un desastre sanitario y ambiental que amenaza con transformarse en una crisis irreversible para la región.
El escenario en el cinturón verde de Mendoza dejó de ser una cuestión de infraestructura urbana para convertirse en una emergencia ambiental de escala departamental. Los vecinos de Guaymallén, hartos de promesas de obras faraónicas con plazos que nunca se cumplen, conviven diariamente con el peligro sanitario de cloacas colapsadas y olores nauseabundos que impregnan el aire.
La protesta en Corralitos no es un hecho aislado; es el síntoma de un sistema que llegó a su límite técnico.
Mientras la administración local apuesta por soluciones paliativas de corto alcance, los desbordes y la contaminación avanzan sobre zonas que son vitales para la producción agrícola, afectando de manera directa la calidad de vida y la economía de los departamentos de Guaymallén y Lavalle.
La fuerza de esta unión vecinal marca un punto de inflexión en la demanda por soluciones de fondo. Ya no se exigen parches, sino una reingeniería estructural que elimine la amenaza constante de las inundaciones servidas.
El “grito de emergencia ambiental” que resuena en las calles pone de manifiesto el contraste entre el discurso oficial de modernización y la precariedad de los servicios básicos en el territorio.
En un contexto donde la salud pública y el desarrollo productivo están en juego, la organización comunitaria se posiciona como el único actor capaz de forzar una respuesta política concreta, exigiendo que las obras de saneamiento dejen de ser un ítem postergable en la agenda municipal para transformarse en la prioridad absoluta que demanda la realidad del subsuelo mendocino.




